viernes, 13 de enero de 2017

Mapire en víspera de San Pedro

Frente al cerro Tucucimba, en la orilla norte del río Orinoco, sobre el borde de Anzoátegui, vive un pueblo silencioso y humilde que trabaja la pesca, que cultiva le tierra y se asoma a los pozos petroleros. Tal es Mapire, cuyo nombre proba­blemente lo deba al hecho geo­gráfico de estar situado en uno de los bolsos pronunciados del Orinoco.
Mapire, junto con Soledad, forma los dos puertos fluviales principales de Anzoátegui. Es uno de los municipios de ese estado con una altu­ra de 50 metros sobre el nivel del mar, un montículo donde la temperatura en tiempo de estío irrita la piel y donde en tiempo de invierno la precipita­ción pluvial registra un promedio de 1.300 mm.
En los años sesenta, específicamente en junio de 1967, líderes de ese pueblo se trasladaron a ciudad Bolívar para trascender a través de los corresponsales de prensa, pues entonces la comunicación a través del Orinoco era más fluida y directa con Ciudad Bolívar que con la capital del Estado Anzoátegui, al cual pertenece.
Era la víspera de su patrono San Pedro Apóstol y querían los habitantes aprovechar las festividades para un reencuentro del pueblo con todos los mapireños diseminados por el resto de Venezuela.
En Mapire para entonces no había mucha gente, apenas unas 1.500 almas (hoy tiene diez mil) que le daban vida y calor al lugar gracias a los grandes aluviones que el Orinoco va dejando en sus periódicos des­censos y que favorecen la producción de algodón y cultivo rudimen­tario del frijol, la patilla, la ca­raota y la yuca. Era el algodón el principal producto agrícola de este pueblo.  La gana­dería era ínfima como su población. De las cuatrocientas mil cabezas de ganado que tenía todo Anzoátegui, Mapire contribuía con una cuota de 5.000 vacunos.
Mapire conservaba su condición de capital del Municipio Monagas a pesar de los reclamos de San Diego de Cabrutica, cu­yos habitantes alegaban ser  mayoría y económicamente más importantes. El Municipio San Diego de Cabrutica tenía más de 5 mil habitantes y una población ganadera de 33 mil cabezas.
Mapire, como todos los pueblos, ha buscado en el almanaque un día para hacerse sentir, tal es el 29 de junio, día consagrado por el santoral a San Pedro Apóstol. Ese día fue de jolgorio y vino el Obispo de Barcelona y otras autoridades superiores. Vinieron muchos de sus hijos, los mapireños que un día cualquiera abandonaron el terruño y se fueron por diversos caminos en busca de nuevos rumbos. El 29 también fue día del reencuentro. La mayor caravana partió desde Caracas.
El Presidente del Comité de Fiesta de este pueblito del Orinoco era  Luis Vicente Pinto y lo formaban además Humberto Campos, Ramón Silva, Domingo Zacarías, Eduardo Velasco López, Alfonso Pumar. Omar Núñez y Gladys Pumar.
Realmente este es un pueblo humilde, pero de una gran fuerza espiritual que se traduce en ar­bitrar fórmulas para el bienes­tar común. Para ello contaban con sus guías el Párroco de la Iglesia, el Médico, el Prefecto y el Presidente Municipal, ade­más de los maestros. La comunidad entonces estaba empeñada en una Escuela de Comercio, una Escuela Granja y una Biblioteca. La iniciativa era del Pa­dre Carlos Vallejos, un español de Zaragoza, que tenía adelantado bastante este proyecto.
De la salud y otros servicios del pueblo cuidaban el doctor Pas­tor Martín Pérez, exilado cubano desde hacía seis años y las tres mujeres más viejas, del lu­gar: Alba Castillo, enfermera; Magdalena Guzmán Rivas, Jefe de Correos y Helena Pumar, costurera del pueblo.


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