domingo, 8 de enero de 2017

Las Quince Cruces de Angostura


La Cruz es una y única desde el punto de vista del cristianismo; sin embargo, en el mundo se conocen quince que varían una de la otra por su forma, lo cual hace posible su distinción complementada por el cognomento.  Así tenemos la Cruz de San Antonio, la Cruz papal, la Cruz rusa, la Cruz de Tau,  la Cruz decusata o de San Andrés, la Cruz de Calatrava, la Cruz patriarcal, la Cruz de Malta, la Cruz de Tierra Santa, la Cruz del Calvario, la Cruz griega, la Cruz latina, la Cruz monograma de Cristo, la Cruz de Santiago y la Cruz gamada o svástica.
         Antes de la época de Cristo, los romanos utilizaban la Cruz como instrumento de tortura y flagelación para castigar a los contraventores de la ley. La ascensión de Constantino El Grande al trono del Imperio romano, después de la muerte de su padre, cambió la situación pues la Cruz dejó de ser instrumento de tortura  gracias a la visión que tuvo el emperador en  la víspera de una gran batalla que selló la unidad del imperio romano.  En la visión premonitoria de su triunfo aparecía una Cruz gigante con la siguiente frase: “In hoc signo vinces”  (con este signo vencerás).
Luego su madre, Elena, fervorosa cristiana y quien ejerció gran influencia en el emperador, realizó un viaje a Jerusalén y halló en una Basílica la Cruz en la que había sido crucificado Jesús y por virtud de esos dos hechos, doscientos años después de la crucifixión, los  seguidores de la doctrina de Jesús la adoptaron como símbolo sagrado de la redención y de la fe cristiana.
          Desde entonces el madero de la crucifixión se transformó en un elemento básico de la liturgia cristiana y algunos pueblos católicos lo celebran y recuerdan el hallazgo de Santa Elena con ruidosas fiestas.  Así era en Madrid, los Puertos de Castilla y Andalucía, de donde  nos vino la tradición de venerar el madero a partir del 3 de mayo con rituales muy de la Venezuela campesina.
En los barrios de Madrid se colocaban altares en las puertas de las casas.  En los puertos de Castilla, los chicos recorrían las calles y visitaban las familias llevando una cruz adornada con flores y diciendo a viva voz en cada casa: “La Cruz de mayo” y el elegido respondía con regalos: “Para todo el año”.  En Andalucía el día de la Cruz significa también la entrada del mes de las flores y el rito religioso se empata con bailes hasta el amanecer.
         Esa tradición tan española la heredamos nosotros con sello propio y la mantienen durante todo el mes de mayo pescadores,  campesinos y  habitantes de  calles y barrios tradicionales como Las Mercedes (Centurión), El Temblador, Perro Seco, El Zanjón, Cruz Verde y La Lorena en Ciudad Bolívar, donde la Cruz no sólo tiene capilla estable sino grupos de cantores de galerones que se turnan en animoso contrapunteo de garganta, cuerda y carato.
La Cruz de Mayo era como la patroncita de los pueblos sencillos y en cuya ocasión se cantaba a garganta suelta con famosas bandolas como la de Facundo Bello que venía de Barlovento, y se pagaban promesas al estilo Roseliano, el maraquero venido desde muy lejos, desde Loma del Viento. La Santísima Cruz de Mayo lo había curado del padecimiento que significó para él haber quedado con el brazo tieso en la mitad de un joropo.
 Cantaor de la Cruz de Mayo era Luis Tovar, pariente del bardo guayanés Héctor Guillermo Villalobos.  Pariente por el lado de su madre Margot Tovar Guerra. Pero más cantaor de Cruz, serenatero, como lo fue más tarde el negro Alejandro Vargas. Luis Tovar cantaba y rasgueaba muy bien su guitarra   española, caminando la ciudad de un extremo a otro, vestido de impecable liquiliqui, con sombrero muy calado y muchas veces montado en un borrico, del Mercado al Morichal y de Perro Seco a la Carioca.


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