miércoles, 18 de enero de 2017

Operación Gran Sabana


El 3 de abril de 1968, invitado por el General de Brigada Manuel Morales Vásquez  (en la foto), comandante de la V División de Infantería de Selva, me hallaba a 1.500 me­tros de altura sobre el nivel del mar, sobre una roca granítica llamada ''La Escalera", rodea­do de una selva espesa e in­trincada predominada por ár­boles hasta con más de cua­renta metros de altura.  Era de tar­de y el Sol asomaba por el oes­te una luz tímida que delineaba en toda su imponencia la Sie­rra de Lema.  Muy próximo a nosotros, en un área como de ochocientos metros cuadrados lindando con profundos preci­picios se levantaba un campa­mento de zinc habitado por soldados con la piel tos­tada y uniformes colorea­dos de barro.
Tractores, traíllas, Patrol, ca­miones y otros vehículos e im­plementos se hallaban activos en el lugar, moviendo la tie­rra arcillosa y las rocas graníticas despedazadas por la explosión de la dinamita.  Aparentemente no había plagas y un silen­cio extendido minutos después parecía anunciar la extenuación del soldado que había trabajado desde el amane­cer. Unos cien soldados del Batallón Juan Manuel Cajigal, que des­de 1963 se esforzaban por enlazar a Venezuela con  Brasil.
El Servicio de Ingeniería del Ejército había denominado esta empresa como "Operación Gran Sabana", porque de eso se trataba, operar conquistando  las inconmensurables tierras selvá­ticas del sur de Guayana que así se denominan (Gran Sabana) y que lin­dan con las fronteras del Bra­sil y la antigua Guayana inglesa.
El habitante o visitante sólo podía penetrar hasta algunos puntos de la Guayana por vía aérea o a pie utilizando peligrosas trochas y cursos de agua muchas veces interrumpidos por intensas cataratas.
El Capitán del Ejército, Luis Alfonso Godoy, director de los tra­bajos, estimaba que para junio de ese mismo año se podría ir en ve­hículo por esta ruta hasta San­ta Elena de Uairén, es decir, hasta la frontera con el Brasil.
La obra se venía ejecutando en dos frentes de trabajo: el de La Escalera, o sea el as­censo a la Gran Sabana a través de una longitud de 60 kilómetros y el de Santa Elena hacia el cerro El Venamo en una extensión de 150 kilómetros.  Ambos frentes bajo la dirección del Teniente coronel  Ramón Antonio Graterol, trabajando muchas veces bajo condiciones ambientales difíciles pues de 360 días que tiene el año sólo 80 suelen ser de Sol debido a una pluviosidad tan elevada como la del Kilimanjaro.
Los soldados, por ello, trabajando hasta 22 hora diarias y aprovechando a veces los claros inmensos de la Lu­na que se proyectan sobre la selva para hacer rodar sus pe­sadas maquinarias.
Un soldado recibía apenas una paga diaria de dos bolívares con cincuenta céntimos. Eran cien soldados que trabajaban en la obra, una obra extremada­mente difícil, pero de una im­portancia económica, política y socialmente extraordinaria. Era una manera muy útil del sol­dado prestar su servicio mili­tar obligatorio, construyendo no la guerra sino una obra mag­nifica y perdurable.
La carretera El Dorado a Santa Elena de Uairén fue sueño de todos los tiem­pos, tanto como el Puente so­bre el Orinoco que había sido logrado el año anterior. Este sueño co­menzó a cristalizar en 1953 cuando el ingeniero Luis En­trena por resolución del Go­bierno proyectó e inició la ca­rretera, dejándola inconclusa a la altura del kilómetro 88, don­de se alzó un caserío de agricultores y lugar donde también se hizo célebre Abilio, un bru­jo que curaba a sus enfermos con raíces y ungüentos vege­tales.




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