jueves, 25 de septiembre de 2014

GUMI o la Banca paralela



En 1992, la Superintendencia de Bancos dispuso mediante resolución la suspensión inmediata de las actividades relacionadas con la captación de dinero a altos intereses por parte de Manuel Mendoza Ancheta y su cadena de promotores.
La disposición sancionatoria que instaba igualmente al señor Mendoza a devolver el dinero a los ahorristas, surgió a raíz de denuncias y artículos de prensa que hablaban de un presunto colapso de la empresa “Guayana Money Interest” mejor conocida por las siglas GUMI.
Gumi captaba recursos a través de un grupo de promotores que igualmente devengaba jugosas comisiones por los recursos captados. Los intereses al 20 por ciento mensual eran liquidados a los depositantes al cumplirse los treinta días, pero podían acumularse. Muchísimas personas sacaron sus ahorros de la banca privada, mientras otros vendieron propiedades para depositar el dinero en la banca paralela que generaba importantes dividendos.
Un artículo publicado en El Nacional bajo la firma de Manuel Alfredo Rodríguez pareció ser el detonante así como una declaración de Cristóbal Pierluissi, secretario general del MAS en Ciudad Guayana, denunciando que en el curso de cinco años GUMI había captado mil millones de bolívares sin arriesgar nada ni estar sometido legalmente y pedía una investigación a fondo de la Superintendencia, Ministerio de Hacienda y organismos policiales, toda vez que tenía información según la cual esta banca paralela había colapsado y estaban a punto de quedar pobres y en la calle miles de guayaneses que se dejaron atraer por el engañoso señuelo de unas ganancias fáciles y abundantes que inspiraron al poeta John Sampson para escribir su libro “Gumi o la divina comedia del timo”.
Lo cierto es que una comedia parecida al infierno de Dante Alighieri por aquello de los que quedaron en la bancarrota y tuvieron a punto del suicidio.
Todo comenzó cuando el señor Manuel Mendoza, vendedor de mostrador de una casa de mangueras hidráulicas que por los años 80 hasta los 90 pedía dinero prestado que devolvía con el pago porcentual de intereses muy superior a los bancarios. Porcentaje de rendimiento mensual y no anual.
La Asociación Bancaría llegó a denunciar esta situación. Pero no había nada que hacer, el hombre cumplía. El caso es que, poco a poco, la población de Ciudad Bolívar y Ciudad Guayana oyó hablar del señor Manuel Mendoza Ancheta, quien devolvía el dinero con unos intereses fabulosos que llevaron a mucha gente a hacer malabarismos con sus bienes y recursos, entre ellos, el amigo Mario Jiménez que se puso a construir una piscina en el patio de su casa.
Uno colocaba el dinero con este señor y él alentaba a que le trajeras más gente. A cambio ofrecía un porcentaje mayor al que pagaba a los “inversores” simples.
A quien no tocase su dinero y lo reinvirtiese, incluyendo los intereses, este señor Mendoza a quien muchos le prendieron velas y adoraban como un santo, hacía un pago a un porcentaje preferencial. La situación llegó a tomar visos tales, que la gente vendía el carro e hipotecaba la casa con el banco, con tal de colocar el dinero con este señor y tocarlo lo menos posible, para que engordase. Pero llegó el día en que el señor Mendoza empezó a presentar mora en los pagos de los compromisos contraídos. Cuando la gente se vino a dar cuenta, este señor se había ido, dejando sola a su mujer con un casete en donde él les pedía a los “inversionistas” serenidad hasta muy pronto que volvería, pero nunca volvió y tampoco GUMI (Guayana Money Interest). El hombre se fue con 26.000 millones de bolívares.

No hay comentarios:

Publicar un comentario