jueves, 18 de septiembre de 2014

El Capitolio de Ciudad Bolívar


El Capitolio se llama una de las siete colinas de Roma y donde reside el Poder político, de suerte que países del mundo occidental siguiendo el referente llaman capitolio a sus similares esté o no sobre la cúspide de una colina como en el caso romano. Así Estados Unidos, Colombia, Valencia, La Habana y Caracas tienen su Capitolio como lo tiene o lo tuvo Ciudad Bolívar a finales del siglo diecinueve dominando la Plaza Miranda y en la parte más elevada de la ciudad, frente al Polvorín Santa Bárbara de la época de Centurión.
Pues bien, lo que quiero decir es que en 1992, el Gobierno de España aportó 84 millones de bolívares para la restauración del Capitolio y la Escuela Taller Angostura, creada bajo la dirección de la socióloga Rosalía Isea, en función del proceso de revitalización del Casco Histórico de Ciudad Bolívar, iniciado en 1986.
La restauración fue dirigida por la Oficina Técnica del casco histórico a cargo de la arquitecta Rosángela Yajure, quien introdujo importantes modificaciones en la estructura interna para adecuarla a las necesidades administrativas de un proyectado Centro de las Artes que contemplaba adosado una edificación moderna destinada a las artes escénicas, bastante criticada entonces por expertos restauradores.
El Capitolio, ubicado en la parte más elevada de la ciudad, frente a la Plaza Miranda, fue construido a finales del siglo diecinueve por el ingeniero polaco Alberto Lutowski, autor de los primeros puentes colgantes en Venezuela, proyectista del mercado de Valencia y constructor de la cúpula del Teatro de Caracas.
Lutowski murió de fiebre amarilla en 1871 sin haber terminado esta obra originalmente concebida para el Hospital San Juan de la Cruz de Ciudad Bolívar y finalmente transformado en un Cuartel Militar, por imperativo de la Revolución Legalista, con el nombre de Capitolio por estar en la cumbre de una colina como la ciudadela romana así llamada.
De Cuartel Militar sirvió hasta 1952 que se construyó otro en las afueras de la ciudad, conocido hoy como Fuerte Cayaurima o sede de la División de Infantería de Selva. Entonces fue destinado a la Prefectura y se construyó un anexo para la Comandancia General de Policía. En 1992 fue desocupado para ser restaurado y transformar la construcción anexa en un Teatro diseñado por el arquitecto Orlando Benítez, pero la arquitecta Rosángela Yajure, sucesora de la arquitecta Elisa Landaeta, lo rechazó para darle paso al proyecto de alto contraste de Oscar Tenreiro, aún sin concluir y en el cual se ha invertido dinero suficiente para levantar tres teatros semejantes al de Bogotá.
Como vemos, en lugar de concluir el Complejo Cultural cuyos bases y columnas asedian la desidia y la intemperie en la Avenida 5 de Julio, se optó por invertir una cifra millonaria para transformar el Capitolio en un complejo cultural similar, no obstante todas las limitantes que se contemplaban y que durante años fue objeto de una discusión interminable.
El problema o desacierto que siempre hemos visto es que con esos 17 millones de dólares destinados entre España y el Gobierno Regional para el Capitolio, se hubiera terminado el Palacio de las Artes en el Paseo 5 de Julio que incluía un Teatro para 1.000 butacas. Escuelas de Artes Escénicas, Escuela de Artes Plásticas, Escuela de Música, Galería de Arte, Cine Club Cafetín y Sede de la Dirección de Cultura. Sin embargo, privó otro criterio administrativo que sin duda ha resultado más costoso y hasta ahora dado lugar a una obra inconclusa con el agravante de tener ante nuestros ojos el esqueleto de un Teatro anexo al Capitolio que altera o atropella el contexto tradicional de la Plaza Miranda.

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