domingo, 20 de abril de 2014

García Márquez en Ciudad Bolívar


El 28 de marzo de 1990, el Premio Nobel de Literatura, Gabriel García Márquez, estuvo de paso visitando durante dos horas Ciudad Bolívar, acompañado de su esposa Mercedes, María Di Mase, Ceciia Matos, del   capitán de fragata, Julio Peña Acevedo, edecán del Presidente de la República Carlos Andrés Pérez  y del Jefe de Relaciones Públicas de Edelca, William Riera.
         Yo, en mi calidad de Cronista y corresponsal de El Nacional le serví de cicerone  al distinguido visitante que deseaba desde hacía tiempo, según  dijo, conocer la ciudad donde nació el nombre de su patria.  Para mí, realmente, fue una sorpresa y lamenté que la visita fuese tan efímera y más de las veces a bordo de una buseta militar.
Gabriel García Márquez estaba virtualmente de incógnito en Venezuela, atendiendo a una invitación de C.A.P. y como parte de esa invitación estaba programado un paseo por los pasajes edénicos de Guayana, específicamente la Gran Sabana, los imponentes Tepuyes y el Salto Ángel
Lo que no estaba en el programa era la visita a Ciudad Bolívar que el Gabo García Márquez decidió en el trayecto de regreso a Maiquetía, primero porque desde hacía tiempo quería conocer esta ciudad que tuvo mucho que ver con San Fe de Bogotá y donde se forjó la República de Colombia y, segundo, porque en su novela “El General en su laberinto” editada un año antes (1989) por la editorial Oveja Negra, se refiere a la ejecución de Manuel Piar en la Plaza Mayor de Angostura y a los sueños perturbadores de Bolívar revividos cuando estaba con su fiel mayordomo José Palacios en la villa de Soledad (Colombia):  “Vamonós de aquí, volando -dijo el general- No quiero oír los tiros de la ejecución”.  Fue un 16 de octubre cuando al levantarse se asomó a la ventana de la casa donde se hospedaba y vio la plaza  solitaria y polvorienta, la iglesia de muros descascarados, y un pleito de gallinazos por las piltrafas de un perro muerto”.
Entonces, quería verificar en el sitio de la ejecución si el manejo de los hechos en su novela se ajustaba a la realidad del paisaje.  De manera, que en el trayecto del avión, acompañado de su familiar comitiva, manifestó antes de regresar a Caracas, ese deseo que lo inquietaba y de ahí que el oficial llamó al Comandante de  la V División y requirió que fuera llamado el Cronista de la ciudad para que atendiera a García Márquez.
Una buseta de la V División vino a buscarme y me llevó a un hangar privado del Gobierno y minutos después  aterrizó el avión de Edelca.  García Márquez,  como si me conociera desde mucho antes, se bajó y me abrazó efusivamente y yo, por supuesto, quedé   cortado y alborozadamente impresionado.
 Después embarcamos en el vehículo militar y fuimos directamente a la Plaza Bolívar donde respondí a todas sus interrogantes.  Posó junto con su esposa ante la lápida incrustada en el muro de la Catedral donde se supone cayó mortalmente herido el héroe de la Batalla de San Félix. Seguidamente recorrimos todos los salones de la Casa del Congreso de Angostura.  Hizo un comentario sobre la cúpula bizantina del siglo diecinueve y finalmente, tras un recorrido por las empinadas calles de la ciudad se detuvo un buen rato en la casa de San Isidro, donde se sentó con plácida felicidad, y se hizo tomar varias fotos, incluida la que ilustra la columna.  La que se hizo tomar conmigo, prometió enviármela tan pronto llegara a Bogotá, pero todavía la estoy esperando, primero llegó la mala y conmovedora noticia  de su muerte el miércoles Santo.

         

1 comentario:

  1. Como siempre, estimado Américo, solo tu y tu ángel escritural registran la historia grande y pequeña, esa que nos hace mas humanos.
    Un abrazote.
    Tu amigo.
    Leoner Ramos Giménez.

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