lunes, 14 de enero de 2013

Luis Viteri Huerta, fundador de las RRPP

Luis Viteri Huerta fue designado director adjunto de Relaciones Públicas de la concesionaria Orinoco Mining Company. Profesional competente representaba entonces a Venezuela en la Federación Interamericana de Asociaciones de Relaciones Públicas (Fiarp) desde 1962.
“Lucho Viteri” conocido así dentro del gremio de comunicadores sociales, realizó estudios de relaciones públicas, comunicación social, gerencia y administración de empresas e investigación de opinión en Inglaterra y los Estados Unidos, pero fue en el campo de las relaciones públicas donde sobresalió brillantemente llegando a ser secretario general de la Fiarp.
También fue presidente de la Asociación de Relaciones Públicas de Venezuela (1968) y presidió la delegación venezolana en las conferencias de la Fiarp en Medellín, Cali y Lima así como en los Congresos Mundiales de Canadá y Brasil, siendo conferencista invitado. Autor del Código de Ética de la Asociación de Relaciones Públicas de Venezuela.
En Ciudad Guayana perteneció a la Asociación Venezolana de Periodistas, al fundarse ésta en 1967. Así mismo, estuvo entre los que fomentaron la creación de la filial Bolívar del Colegio de Relaciones Públicas de Venezuela (CRV) junto con Hugo Carnevali, Pedro Acosta, Francisco Salazar, Hugo Marrón Rojas, Nirvia Fresa de Henning, Alirio González, Arístides Gómez, William Riera, David Maurera, entre otros.
La seccional contaba con un órgano oficial “Contacto” y anualmente, el 26 de septiembre, Día del Relacionista Público, entregaba el Premio “Huyapari” al más destacado del año.    
El Día del Relacionista, corresponde al de la creación de la Federación Internacional de Asociaciones de Relaciones Públicas (Fiarp) ocurrida en México el 26 de septiembre de 1960 y constituida en Caracas el año siguiente, en la ocasión de la II Conferencia Internacional.
Hasta entonces las Relaciones Públicas, como profesión consagrada, no existía o estaba en pañales, era, no obstante, evidente el auge de su práctica así como la noción que se tenía de ella, pero carecía de una definición hasta el punto de que el común de la gente solía confundirla con Relaciones Humanas, con Publicidad, Protocolo o con cierta habilidad relacionista asociada a la dipsomanía.
Con la IV Conferencia Interamericana de Río de Janeiro y el acuerdo de México sancionado posteriormente (1979) por la primera Asamblea Mundial, se aclaró la definición de las Relaciones Públicas, una profesión académica joven, pero en la práctica tan antigua como el hombre, pues desde el mismo momento que éste toma conciencia de la necesidad de sustituir la compulsión por la persuasión, sitúa el principio de su necesidad existencial.
Las Relaciones Públicas, profesionalmente bien entendida, debe cumplir una acción social integral. Su fin último es el bien colectivo y así ha quedado claramente establecido en las conferencias internacionales sobre la materia. No es una profesión unilateral en el sentido de echar mano indiscriminadamente de todos los recursos para hacerle una aparente buena imagen a la individualidad, ente público o privado para el cual se trabaja. El profesional de Relaciones Públicas tiene por principio y es condición ética sine qua non estar convencido de que el producto material o idea que ofrece comporta beneficios para la colectividad pues comportando beneficios para la comunidad de hecho comporta beneficio para quien lo ofrece. Pero como tal vez no sea el único en el mercado, sino que hay competencia, debe demostrar que su producto es más ventajoso, superior, para lo cual no es suficiente decirlo sino disponer del ingenio, la elocuencia y los recursos técnicos y humanos de la persuasión. Informar, persuadir e integrar a la población, decía el profesor Edward L. Barneys de la Universidad de Oklahoma, son los tres elementos básicos de la Relaciones Públicas.

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