martes, 22 de enero de 2013

La ultimidad de Monseñor Mejía


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El 8 de octubre de 1947, se registró la muerte del Obispo de la diócesis de Guayana, Monseñor Miguel Antonio Mejía, en el Palacio diocesano de la ciudad capital. La Junta Revolucionaria de Gobierno dictó decreto declarando motivo de duelo oficial el fallecimiento del prelado y disponiendo honores militares. Sus restos fueron inhumados en la Catedral.
Monseñor Miguel Antonio Mejía, noveno Obispo de la Diócesis de Guayana, nació el 1 de junio de 1877 en el pueblo de Mendoza, estado Trujillo. Estudió bachillerato en el Colegio “Sagrado Corazón de Jesús”, de La Grita, y luego en los seminarios de Mérida y Curazao.
Fue ordenado sacerdote el 13 de octubre de 1901 y tres años después recibió en la Universidad de los Andes, el título de Doctor en Teología. Su destino inmediato como simple pastor de almas fue Betijoque y Valera, donde prestó servicios como párroco, educador y periodista hasta alcanzar, primero, la condición de Vicario y luego de Obispo.
La Consagración de Monseñor Mejía, en la Catedral de Caracas, 21 de octubre del mismo año, estuvo a cargo de Monseñor Felipe Cortesi, quien antes, 17 de diciembre de 1922, se erigió en el Primer Nuncio Apostólico que visitó a Ciudad Bolívar.
La designación de Monseñor Mejía como Obispo de Guayana, se produjo coincidentemente con la vigencia de la nueva ley de División Territorial Eclesiástica decretada por el Congreso de la República y la cual disponía que “En los Estados Unidos de Venezuela habrá dos Arquidiócesis, la de Caracas y la de Mérida; y ocho Diócesis, la de Ciudad Bolívar, Calabozo, Barquisimeto, Zulia, Cumaná, Coro, Valencia y San Cristóbal”.
La Diócesis de Ciudad Bolívar abarcaba los territorios de los estados: Bolívar (sede), Anzoátegui, Monagas y el Territorio Federal Amazonas, excepto la parte comprendida en el Vicariato de la Misión del Caroní.
La nueva Ley permitía con la creación del Vicariato Apostólico del Caroní, restablecer después de un siglo, las Misiones Capuchinas Catalanas. Se destinó Upata como sede que en junio de 1924 ocupó con toda la ceremonia de ley, el reverendo Fray Diego Alonso Nistal, Obispo in Partí bus de Dorilea.
Sixto Sosa permaneció al frente de la Diócesis del estado Bolívar hasta el 17 de agosto de 1923 y dejó el capítulo de la Catedral integrado por el Pbro. Crisanto D. Alvis; Lectoral, Pbro. Francisco Rodríguez Fuentes; Doctoral, Pbro. Juan Canellas y Penitenciario, Pbro. Mariano Lamar Troncoso.
Luego de su consagración en Caracas, Monseñor Miguel Antonio Mejía envió a Guayana su primera Carta Pastoral dirigida al Clero y a los fieles. Designó al Deán Adrián María Gómez, Vicario General y Procurador para que en su nombre se posesione de la Diócesis.
Tres meses antes de posesionarse el Vicario Apostólico de la Misión del Caroní, lo hizo -14 de marzo de 1924- Monseñor Miguel Antonio Mejía, siendo recibido por el entonces Presidente del Estado, General Silverio González, quien recién sustituía a su homólogo Vicencio Pérez Soto.
El prelado hizo su entrada acompañado de sus paisanos presbíteros doctor Dámaso Cardoso y Rafael María Villasmil. Al primero lo nombra Cura del Sagrario de la Catedral y el segundo Cura de la Iglesia de Santa Ana.
Luego de un solemne recibimiento tributado por el Capítulo de la Catedral, Gobierno del Estado, Clero, agrupaciones religiosas y feligresía en general, ofició su primera misa pontificia en la sede de esta Diócesis que con la nueva ley había sido desmembrada de Sucre y Nueva Esparta para la creación de la Diócesis de Cumaná como de la parte oriental del Caroní donde se restablecían las Misiones Capuchinas prácticamente extinguidas desde 1817.

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