domingo, 18 de diciembre de 2011

Monumento a Francisco Antonio Zea


 
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El 15 de febrero de 1919, primer centenario del Congreso de Angostura, el Presidente del Estado, Marcelino Torres García, inauguró el monumento erigido por el ejecutivo en el hoy Paseo Orinoco, al primer Presidente del segundo Congreso Constituyente de Venezuela, licenciado Francisco Antonio Zea. El busto de mármol, modelado en Italia, fue montado por el alarife Modesto A. Villalobos. Asimismo se colocó un retrato en la Escuela Graduada Zea. El orador de orden, Cónsul de Colombia, Ricardo Galvis, exaltó la obra del ilustre patricio granadino en esta ciudad: “hermoso jirón de la heredad paterna, cien veces bendito y exaltado, donde el rumor del Orinoco soberbio y al susurro cadencioso de sus selvas milenarias, nuestros Libertadores entonaban hace un siglo el primer himno triunfal a la República. Desde el fondo de mi alma, doy gracias al Hado providencial que me ha concedido la fortuna de venir a residir para esta época en el hogar común de tantas glorias; y elevo, con igual sinceridad, fervientes votos porque el símbolo de unión y de concordia que debe perdurar en la epopeya boliviana, luzca sobre el cielo de América, realizado el sueño formidable del glorioso Libertador de cinco repúblicas (…) La acción de Zea fue tan imponente y fecunda, como las montañas antioqueñas que abrigaron su cuna; el caudal de su saber y su elocuencia tan intenso y poderoso, como el de las aguas del gigante río en cuya playa hospitalaria se le consagra este busto; su espíritu batallador tan combativo y recio, como el simún del desierto; su valor ciudadano tan aquilatado, como su altivez indomable; su amor a la libertad y a la justicia tan inmenso y tan puro, como es puro e inmenso el cielo esplendoroso de América Latina”.

Francisco Antonio Zea, además de Presidente del Congreso de Angostura y Vicepresidente de Colombia, fue el primer redactor del Correo del Orinoco. Se ausentó de Angostura después de clausuradas las sesiones del Congreso para cumplir en Inglaterra una misión encomendada por la República. Durante esa misión diplomática, en 1822, murió no sin antes haber pasado por los sinsabores propios de una época en la que la lucha de los patriotas venezolanos dependía en parte de los préstamos y ayuda de los ingleses.

Zea, quien también era botánico, había nacido en Medellín en 1770. Quince años más tarde terminó sus estudios de Filosofía y Teología y poco después se incorporó al Jardín Botánico de Bogotá, donde terminó su carrera.

A la edad de diecinueve años Zea sentía arder dentro de sí el sentimiento de libertad que estallaba en otros hombres de su patria como Nariño. Animado por ese fuego firma la declaración de Los Derechos del Hombre y es desterrado a la península. Allí transcurren 20 años y llega a ser Director del Jardín Botánico de Madrid y profesor de Ciencias Naturales, la que abandonó para integrar la Junta de Bayona, conservadora de los Derechos de Fernando VII y luego la prefectura de Málaga. Mas, siempre pensaba en América, colonizada y aherrojada y a ella volvió con la Expedición de los Cayos para ocupar los más prominentes y honrosos cargos de la Tercera República.

El 26 de junio de 1880, víspera del aniversario del Correo del Orinoco, el Presidente de Venezuela, Antonio Guzmán Blanco, decretó una pensión para la hija del Dr. Francisco Antonio Zea y reconoció a su favor la suma de 57 mil bolívares como parte que le correspondía de los 200 mil bolívares acordados como recompensa extraordinaria al Vicepresidente de Colombia, por el Congreso de Angostura el 19 de enero de 1820, fecha en la que clausuró sus sesiones.

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