domingo, 4 de diciembre de 2011

La escalinata


 El 4 de febrero de 1909, el Poder Ejecutivo regional dio a conocer una resolución por medio de la cual se designó a Antonio Valera Villalobos “para ejecutar los trabajos de reparación de la calle Carabobo en la cuadra comprendida entre las calles Amor Patrio y Bolívar, y construcción de una escalinata de concreto que dé acceso a la expresada calle por la calle Bolívar”.

El presidente del estado, por renuncia de Linares Alcántara, era el doctor Antonio María Delgado y el secretario general de Gobierno J. Campbel Acosta, quien firmó la Resolución.

Sin embargo, la ejecución de los trabajos de la escalinata no fue posible por lo accidentado del terreno, sino en 1926. El 5 de mayo se iniciaron los trabajos por decreto del entonces presidente del Estado Silverio González y la dirección de los trabajos fue encomendada esta vez a Antonio Simonpietri, un guayanés que estuvo mucho tiempo fuera y quien también construyó la sección del Malecón que iba desde el mercado (Mirador) hasta el antiguo Puerto de Blohm.

Según el bachiller Ernesto Sifontes, en el pasado la Laja estaba en parte cubierta por unos cuartos de vecindario de la familia Aristeguieta, comprados después por don Brígido Natera Ricci, quien la reformó para vivienda familiar. Hasta 1880 era conocida como la Laja de los Vallés e igualmente llevaba ese nombre hasta la calle que conduce a Santa Ana porque doña Angela Vallés y sus antecesores vivían en la casa de azotea que estaba al pie de la Laja, de suerte que durante largos años fue propiedad de la familia Vallés. En 1881 fue vendida a Eusebia  Sifontes y el nombre primitivo se sustituyó por el de Laja del Campanario debido a que en la zona estaba una campana del Colegio Federal traída de Guayana La Vieja y la cual se rompió a comienzos de siglo.

La inauguración de la Escalinata del Campanario, por el propio Silverio González, tuvo lugar el 19 de diciembre de ese año 1926, fecha aniversaria del ascenso de Gómez al poder tras destronar a Cipriano Castro. En la ocasión el escritor Pedro Calderón en un artículo dedicado a don Jorge Suegart encontró esta obra con balaustrada de concreto armado, semejante a las que se construían en la antigua Roma y Grecia.

Esta escalinata original realizada con cemento importado de Hamburgo, permaneció incólume hasta 1967 que el gobernador Luis Raúl Vásquez Zamora, sin saber lo que hacía se dejó convencer por un contratista para reconstruirla cuando, en todo caso, lo que estaba planteado era restaurarla, de suerte que el resultado fue un despropósito. En 1988, dentro del llamado programa de revitalización del Casco Histórico, la Oficina Técnica la rehizo llevándola aproximadamente a su estado original.

Restaurarla era lo que estaba planteado debido a que presentaba algunas fisuras y resquebrajamiento no sólo por el uso y los elementos propios de la intemperie sino porque el 10 de julio de 1958, Ángel Boada “La Tara” hizo sobre la escalinata una demostración de su pericia en el volante por interés de que los aficionados al automovilismo colaboraran en su campaña para participar en la Carrera Gran Premio Prensa Nacional a realizarse el 24 de julio. El iba en representación de la Renault a competir con el campeón nacional Lino Fayen. “La Tara” transitó en un jeep por sobre sus peldaños en medio de los aplausos de una multitud aglomerada en el lugar.

En 1994 con motivo de la IV Bienal en el Museo Soto, se realizó el llamado “Arte efímero” en varios sitios emblemáticos de la ciudad, entre ellos “La Escalinata”, con la instalación “Hojilla de oro” del artista barcelonés Pedro Terán.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada