martes, 13 de diciembre de 2011

Las torres del telégrafo


  El 15 de enero de 1920, comenzaron los trabajos de instalación de tres altas torres, una en Puerto Blohm de Ciudad Bolívar, otra sobre la Piedra del Medio y la tercera en la ribera opuesta de Soledad, a objeto de sustituir al cable subfluvial que hacía posible la comunicación telegráfica con el resto de Venezuela.   Las torres con una altura de 30,20 metros estaban siendo instaladas por los ingenieros H. Gibson, Federico Crispín y el alarife Alejandro Sutherland.

El telégrafo había llegado primero a Soledad que a Ciudad Bolívar debido a la barrera del Orinoco, la cual se salvó posteriormente con un cable subfluvial y finalmente en 1920 con la instalación de estas  tres torres.

Originalmente, los citadinos bolivarenses debían enviar su mensaje a la Estación de Soledad cada vez que necesitaban comunicarse con Caracas. Pero el estado Bolívar como entidad federal tenía un servicio telegráfico interno que terminó de construir en 1885 el general Manuel M. Gallegos, a quien el Gobierno nacional le había contratado levantar 10 leguas de líneas telegráficas para poner en comunicación a Ciudad Bolívar con el resto del interior del Estado.

La comunicación telegráfica directa con Caracas y sin el contacto con la Estación de Soledad quedó resuelta con el cable subfluvial y finalmente con las torres. Para ese año y desde 1907, la central telegráfica operaba desde la calle Igualdad. En 1921 se instaló en Maracay la telegrafía inalámbrica y muy pronto se extendió a otras ciudades de Venezuela, incluyendo a Ciudad Bolívar que incluso la extendió en febrero de 1940 a Puerto España. Los servicios fueron mejorando y perfeccionándose hasta complementarse en 1943 (5 de abril) con el servicio Radiotelefónico, bendecido en acto especial por el Vicario de la Catedral, Dámaso Cardozo.

A medida que se extendía el servicio y se multiplicaron los operarios se fueron produciendo las luchas reivindicativas que lograron su primer fruto en tiempo de Cipriano Castro con la constitución de las cajas de ahorros para la Sociedad de Telegrafistas. El Día del Telegrafista, 24 de mayo, fue consagrado por decreto del doctor Leonardo Ruiz Pineda siendo ministro de Comunicaciones en tiempos de Rómulo Gallegos.

El Gobierno nacional desde el período de Raúl Leoni emprendió una reorganización de los servicios telegráficos nacionales que incluía la creación de una empresa nacional de comunicaciones, tal resultó ser Ipostel, que integró todos los servicios incluyendo correos y télex. La unificación, positiva en alto grado, favoreció tanto a usuarios como a profesionales y trabajadores de la telecomunicación porque implicó la modernización de la red y las edificaciones en función de la concentración de los servicios, mejor aprovechamiento del personal existente, incremento de su calidad y la eliminación progresiva de las franquicias que para finales de los años setenta representaban el 46 por ciento del tráfico total.

En conclusión, la comunicación inalámbrica, la radiotelegrafía y el discado a larga distancia terminaron con la utilidad de las tres torres que al fin desaparecieron dejando una especie de nostalgia, especialmente la del Puerto de Blohm, donde cotidianamente se situaba el chichero Bernardo y se montaba cuando muchacho Eduardo Viamonte (Melgar) para descargar su torrente de voz cantando Granada y Torna Pichina mía.

Melgar, además de su vocación de cantante, quería  ser torero y en busca de ese destino muchas veces se tiro al ruedo del Circo Monedero bajo el estímulo de los aficionados. El muchacho se fajaba resuelto y sin temor, hacía buena faena hasta que un buen día Cayetano Ordóñez quedó tan impresionado que  se lo llevó para España donde llegó a medirse con los famosos de la época.

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