jueves, 6 de marzo de 2014

Martínez, el trocadero y sus gatos


José Martínez Barrios, celebrado pintor bolivarense, tuvo amigables relaciones con Edelmiro Lizardi, el dueño del famoso Trocadero de Ciudad Bolívar
         Solía recordar en vespertinas tertulias en el quiosco que era de Carlito Hernández, aquel ambiente pintoresco con cuartos de moriche en el fondo, situado en La Campiña.  Por allí pasaron mujeres bellísimas de Maracaibo, Valencia, Upata.  Uno se tomaba una cerveza por real y medio.  El tercio costaba 1,25; dos bolívares la media jarra y tres el botellón.  Allí Martínez tuvo sus primeras incursiones amorosas.
         En ese paraje, el pintor anclado en el claro oscuro de los clásicos, se empató con una merideña bellísima de nombre Juliana.  En ese tiempo Martínez vivía leyendo libros de estética, de preceptiva literaria, filosofía y obras románticas.  Como los actores de cine, buscaba argumentos para su vida, temas que le nutrieran existencialmente.
         Martínez Barrrios vivía solo en la calle Democracia con sus gatos y un perro.  Sentía un gran amor por ellos.  “Cuando salgo y estoy de vuelta, siempre me esperan en la puerta como en concilio. ¿Cuántos gatos?  -Tenía seis: tres grandes y tres pequeños, pero ayer aumentaron a diez porque encontré cuatro pequeñitos que los tengo en una cajita y no los voy a dejar morir de hambre.  Los encontré en una casa abandonada y les compré un pote de leche y un tetero. ¿Tienen nombres? -El más feo lo llamo Oso y al más pintado, Tigre.  Son los únicos machos y los que tienen nombres.  Los machos se van de noche de parranda y regresan tarde y tengo que levantarme a abrirles la puerta.  Ayer se aparecieron con una amiga y tuve que levantarme corriendo a servirles una lata de sardinas que les encanta y me veían de una manera rara como preguntándome si estaba bravo y yo les respondí:  “No, chicos, que va, coman y olvídense de lo demás.”
La conversación informal con Martínez terminó en su casa, sin dejar éste de fumar y frotar una caja de mentol que siempre cargaba consigo.  Le pregunté sobre sus exposiciones y me dijo que la última individual había tenido lugar en la Casa de las Doce Ventanas con motivo del Día del artista Plástico. 
¿Cuál la de mayor éxito? La primera en la Casa de la Cultura por iniciativa de Minina y del Profesor Sellier; la segunda en el Ateneo de Caracas a instancias del poeta y crítico de arte Rafael Pineda, otra en la Galería Germania de Wolfgan Scroder y una más en la Galería Bicentenario, patrocinada por el doctor Ramón Córdova, excelente amigo, me ha ayudado mucho. Rafael Pineda tenía intención de seguir ayudándote ¿qué pasó? -Bueno, Rafael  es muy inteligente, tiene una gran producción literaria, es incansable, está muy bien relacionado, lo que no me gusta es que es muy de la elite   ¿Tu disgusto no es por haber calificado tu pintura de ingenua? -Bueno, esa es una de las causas, el problema de la clasificación que él quería darle a mi pintura y con la cual yo no puedo estar de acuerdo. ¿Por qué? -Ingenuo significa para mi, ignorancia artística, desconocimiento técnico y yo soy un pintor de escuela, con doce años de estudios en academias.  De manera que no puedo estar en esa clasificación.  Martínez leía Elogio a la Locura.  ¿Qué dice Erasmo de Rotérdan de la mujer? -Bueno, hay un pasaje de su obra donde dice que Platón dudó al colocar a la mujer en la categoría de los seres racionales porque los 365 días del año los pasa pintándose y todavía tiene el coraje de pintarse en los Carnavales.


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