domingo, 9 de febrero de 2014

El poeta Gil Linares


El filósofo, periodista, poeta, músico y bohemio, Héctor Gil Linares se propuso fundar por cuenta propia un partido con el nombre de “Fuerza Moral” para participar en los comicios del 83 y su primer acto promocional según lo declaró a la prensa, consistió en “batir mi propio récord en 400 metros planos en el óvalo del hipódromo municipal de Ciudad Bolívar”.
            El cronometraje de la competencia estaría a cargo de los periodistas del Círculo Deportivo, entre ellos el bachiller Antonio López Escalona, quien afirmó que “seré  absolutamente imparcial y solamente me limitaré a ver la competencia y lo que salga”.
            Esta fue la arrancada de la campaña electoral del poeta Gil Linares, de quien, según su decir en la ocasión, estaban pendientes en Caracas todos los artistas de televisión, entre ellos, Hilda Carrero, Elluz Peraza y Eduardo Serrano.
            El candidato de “Fuerza Moral” en su mensaje para la juventud recomendaba “hacer deporte como yo y que estudien porque en `mente sana cuerpo sano ´. Que aprendan de nosotros los viejos lobos de mar que sabemos como se bate el cobre y esto también se lo digo a Pepe Montes de Oca, que deje de estarle metiendo cuentos a la gente para estas elecciones que estoy seguro las gana Lusinchi o las gano yo”.
            Creía en serio que Copei no volvería a ganar. “Yo soy socialcristiano pero considero que ellos están muy por debajo de la doctrina porque el Copei es regional y el social cristianismo de nosotros es universal”.
            Gil Linares veía con mucha simpatía toda agrupación nueva que aflorara para los comicios del 83, como la de Vinicio Romero (Confe), porque eso matizaba el espectro electoral de nuevos colores y no solamente los dos partidos tradicionales AD y Copei.
            En países altamente desarrollados concurren agrupaciones electorales distintas a las agrupaciones tradicionales existentes como en EEUU, y Fuerza Moral, en este caso y el movimiento  liderado por Vinicio Romero, podría concluir en una alianza.
            Pero no hubo al final tal alianza ni menos Gil Linares, como era de esperarse, figuró en el tarjetón electoral. Como era habitual se fue a dormir a un banco de la Plaza Bolívar porque su vivienda de Jobo Liso, según él, había sido embargada por los usureros que le prestaron plata para la campaña.

            Tendido sobre ese banco soñó ser dueño del Orinoco y, que por lo tanto, podía ofrecerlo en venta a fin de paliar su hambre, recuperar su vivienda y viajar a sus antiguos predios en la República del Este, donde había sido electo ministro de las galaxias.  Entonces publicó un aviso que decía: “Se vende el Orinoco, barato y en cómodas cuotas. Por motivo de viaje y otros ayunos, me veo obligado a desprenderme de tan undoso río. Razón estomacal me obliga en vista de mi imagen que se ve reflejada en el agua cristalina. Poeta soy porque vivo cantando. Filósofo por la estirpe ancestral de los reyes. No escondo mi vaso de licor. Me lo bebo en la esquina rutilante donde todos los ven multiplicado. Vaso cobarde y escondido es el del piano bar o el decadente cenáculo de los liderzuelos de turno. Me desprendo del río, pero eso sí, me reservo el derecho de peces y crecidas de agua convertidas en cerveza, noble más noble que trasnochadas en la madrugada o la visita reglamentaria al lupanar donde nunca me has visto.  Son testigos las hambrunas deliciosas del hazme-reír cobarde y las dormidas al raso en los bancos del Paseo” Orinoco. Las dormidas al raso tienen su compensación.  Se ve de frente a las estrellas”.

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