jueves, 6 de febrero de 2014

El indio habla en poesía

1981TOPICO

El antropólogo Daniel Barandarian (en la foto con un indio makiritare), sacerdote jesuita mejor conocido como el Padre Daniel, llevaba nueve años metido en la espesa selva del Alto Caura cuando conversé con él y me comenmtó que la música de los indios no puede analizarse según nuestros cánones melódicos. Es pariente de la asiática y de la africana. El indio habla en poesía  siempre. Hay algunas etnias como la Makiritare que exigen una cadencia poético-rítmica. Pero el gran  caudal de su poesía está depositado en sus mitos y leyendas, maravillosos en apreciaciones de su naturaleza, de los animales, de las plantas. La pintura entre ellos es esencialmente ceremonial: pinturas faciales y corporales. También libera la imaginación creadora con escenas de cacería y pesca, de sus espectáculos culturales, pintados con materiales obtenidos de las conchas de los árboles y a partir de la arena. Las pinturas al carbón y al ocre amarillo de los makiritares, en cortezas desprendidas de los árboles, podrían figurar, afirma entre las más bellas y autenticas creaciones del tipo primitivo.
El Padre Daniel se ha zambullido en el alma india para abrir los ojos a las concepciones culturales religiosas de esos hombres  dar a la luz algún día las cosas maravillosas que los rodean, los bellos sueños de que están poseídos.
Refiriéndose a Guatemala y México, a donde piensa volver, dijo que allí ha visto indios a quienes el agua del bautismo les pasó por su epidermis como agua de jabón, porque los misioneros hispánicos despreciaron o no tomaron en cuenta sus características culturales que, en caso de los Mayas, eran más ricas que las de ellos. Así, lo que hicieron fue una comedia de cristianización.
El clero latino por su formación, ha tenido en contra el handicap de sus pretensiones, ajenas a la vivencia intima al corazón de los indios. No se han podido librar de las estructuras mentales útiles para otras cosas, pero no para darles a los indios la compresión y la solidaridad a que tienen derecho. Los Maquiritare o Yecuana constituyen un pueblo de navegantes fluviales que se ha establecido en diferentes márgenes de los ríos tributarios del Orinoco. Ocupan actualmente un territorio de cerca de 30.000 km² en los estados Bolívar y Amazonas en Venezuela y al norte del Brasil. Este territorio incluye el Parque Nacional Jaua y Sarisariñama. Actualmente se estima su población entre 5.000 y 10.000 habitantes.
Ellos tienen sus propias creencias  y una filosofía muy propia que explica su origen.  De acuerdo con su cosmogonía, «El hombre y la mujer soñaban que Dios también estaba soñando con ellos. Dios estaba soñando con ellos mientras cantaba y tocaba  maracas, escondido tras el humo del tabaco y sintiéndose feliz, pero al mismo tiempo sintiendo algunas dudas. Los maquiritare sabían que cuando Dios sueña con comida, produce y da comida. Si Dios sueña con la vida, produce fertilidad. El hombre y la mujer soñaban que en el sueño de Dios un huevo enorme y brillante aparecía. Dentro del huevo danzaban, cantaban y festejaban porque deseaban nacer prontamente. Soñaban que en el sueño de Dios la felicidad era más fuerte que las dudas que Dios podría sentir y mientras soñaba, los creaba y cantando decía: 
“Al romper este huevo nacerá un hombre y nacerá una mujer.  Y juntos vivirán y morirán.  Pero nuevamente nacerán y nuevamente volverán a nacer y nuevamente lo harán. Y nunca dejarán de nacer porque la muerte no existe”.
“Y juntos vivirán y morirán.  Pero nuevamente nacerán y nuevamente volverán a nacer y nuevamente lo harán”.


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