miércoles, 5 de febrero de 2014

El Indio de Camurica

Juan Bolívar era el “Indio de Camurica”. En este pueblo de raza Caribe, a escasa distancia de Ciudad Bolívar, nació en 1946, pero tuvo la suerte de estudiar en el liceo “Juan Vicente González” de Caracas y de encontrarse posteriormente  con el Capitán Mare Bianchi que lo hizo mecánico y piloto de helicóptero.
El 15 de junio de 1982 cuando lo entrevistamos, nos dijo que tenía más hora de vuelos en helicóptero (más de 7 mil) que ningún otro piloto de montaña aunque entonces tenía meses que no volaba. Lo botaron porque el Gobernador se dio cuenta que estaba ganando más que él. Se promediaba sueldo de 20 mil, pero los viáticos lo abultaban. Volaba  tanto que casi no paraba sino cuando al aparato se le trancaban las aspas allá arriba y caía como una piedra. Esto le ocurrió cinco veces, pero la caída más seria la sufrió en Santa Rosalía cuando el helicóptero se “enrollo”. Es un término del argot aeronáutico para configurar el “barreno de plato” en el caso del avión.
         Sólo dos accidentes de esos han sido superados en el mundo. El que le ocurrió a él en Santa Rosalía fue el tercero y esto reafirmaba el respeto que le tenían sus compañeros del aire, tan leales como el Capitán Enrique Martín, veteranísimo de la selva, que se divertía contando las anécdotas de Juan Bolívar. Anécdotas como la del Arzobispo Crisanto Mata Cova y el Nuncio Apostólico que se hallaba de visita en Guayana.
Juan Bolívar pilotando de regreso de Canaima el helicóptero de la Gobernación sobrevolaba una extensa siembra de patillas por la costa del Orinoco  que en broma incomprendida dijo a los prelados era suya. Entusiasmadas las dignidades de la Iglesia hicieron que el piloto se posara en tierra para cargar con algunas sandías, pero cuando “enchinchorraban” éstas en la sotana fueron alertados a tiro de escopeta.  No les quedó que excusarse, echarle la bendición al sembradío y de ñapa regalarle al labriego un crucifijo de madera que el Nuncio traía de Italia. El Indio de Camurica, por supuesto, recibió su dura reprimenda además de la consabida penitencia.
La ocurrencia de Bolívar sirvió para que Monseñor Mata Cova le tomara compasivo aprecio y no lo olvidara en sus frecuentes ex­cursiones por los aires de la selva. Pero desde que a Juan lo botaron de la Goberna­ción, el Arzobispo dejó de volar en esos raros pájaros de aspas horizontales. De ma­nera que sus periódicas visitas a las comuni­dades indígenas de Sucre y Cedeño las hacía penosamente por tierra. El helicóptero de la Gobernación lo pilotaba entonces Jesús Leonardi, quien servía con Bolívar de copiloto, claro, con menos sueldo. Aparentemente la Gobernación había salido ganando porque pagaba menos y las instituciones no tenían que pedir tanto el aparato.  Con un piloto como el Indio de Camurica que conocía a Guayana desde Punta Barima hasta el Amazonas, ofrecía mucha confianza.  Por eso jugó papel destacado cuando apareció el secuestrado Willian Frank Nie­hous. El, junto con el director Uzcátegui de la Disip y un mayor del Ejército, trasladó al in­dustrial norteamericano en el helicóptero desde el Hato Dividive hasta el Comando de la V División de Selva.
Aunque usted no lo crea. Bolívar una vez empeñó el helicóptero para que el dueño de un Bar en Coporito del Estado Delta  Amacuro lo dejara ir a él y al Secretario de Gobierno del Delta que an­daba por caños y caseríos palpando necesida­des y no tenía como pagar una cuenta.
Increíblemente, el Indio de Camurita, pereció en un accidente automovilístico centre Ciudad Bolívar y Puerto Ordaz.




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