miércoles, 2 de noviembre de 2011

El Merey

 

Este árbol legítimo de Guayana y Brasil, llevado desde aquí a Las Antillas y otros países del tercer mundo, es un verdadero regalo de la naturaleza de cuyo fruto y usos industriales comenzaron a dar cuenta los cronistas del setecientos.

            Entre los cronistas de la colonia que primero dieron cuenta de este fruto al cual se le conocen tantos nombres como usos, sobresale el fraile Antonio Caulin, quien afirma que “extraído el zumo, fermenta como el mosto de la uva y tiene después el sabor y el color del vino”. Asimismo revela el valor de la semilla, a la cual luego de asada elogia como superior a la bellota española.
            En Guayana el Merey siempre nació y creció de manera silvestre y todavía, a comienzos del siglo XX, escasamente aprovechado. Su uso era fundamentalmente medicinal. La infusión de las hojas y la decocción de la corteza, se prescribían en enemas contra la diarrea crónica. Para lo mismo era indicado con buenos resultados el jugo del fruto.
            A partir de diciembre de 1907 cuando el diario El Anunciador de Ciudad Bolívar publica una información sobre lo que se estaba haciendo en la antillana Santo Domingo con el fruto del Merey, es cuando los guayaneses se detienen a pensar sobre lo que ellos también podrían aprovechar de ese árbol que abundaba silvestre en la región.
            Una muestra del Merey Pasado que el periódico pondera tan agradable como el higo, la había traído una señora que no identifica y la cual informó de la industria de aquella isla, perfectamente aclimatable en Guayana.
            “Prepararlo es fácil y aquí en Guayana se dan de flor; de primer orden crecen silvestres, dulces y apetitosos. Pues hablamos del merey, queremos informar a nuestros lectores de que no sólo la parte carnosa de ese fruto es bueno para comer  sino que tiene propiedades medicinales inapreciables en el florido mayo. También el moñito sirve para muchas cosas. La almendra que encierra, tostada es sabrosa y sirve para hacer horchata y la nuez de a presión aceite cáustico que es un excelente remedio contra callos, cadillos y verrugas, aplicándolo con un pincel y teniendo cuidado de no pasarse, porque podría ocasionar gangrena. Véase, pues, cómo nada hay despreciable en el mundo; ni siquiera un moñito de merey”, termina diciendo la crónica.
            De manera que el Merey Pasado nos vino de la antillana isla de Santo Domingo y desde entonces comenzó su elaboración artesanal en Ciudad. Bolívar. Una fábrica del producto, con todas las de la ley, apareció en 1938, montada por R. Ruiz R.
            Y así como la fórmula del Merey Pasado nos vino de Santo Domingo, podríamos decir que el Mazapán nos vino de Trinidad o de las culinarias manos de una trinitaria llamada Nicolasa Railer de Sutherland. Por ese tiempo ella que en la vecina isla hacía confites con almendras importadas de Inglaterra, creyó que podía sustituirlas con las almendras del merey. Los resultados no se hicieron esperar y por varias generaciones los Sutherland han venido trabajando todas las variedades de dulces derivadas del Merey y su pequeña industria artesanal dio origen a otras que dominan un mercado que más para los guayaneses ha quedado para viajeros y turistas, pues la fama de los confites a base de merey se ha corrido mucho más allá del Orinoco y los precios están muy por encima de la capacidad del habitante común.
  Además del Merey Pasado que se prepara con papelón, clavo de olor y limón y  el Masapán, confeccionado con la almendra tostada-molida, leche y azúcar, la industria artesanal elabora el merey en almíbar, con azúcar, clavo y limón, más la simple Almendra tostada y con sal.
En el vecino Brasil, se prepara con el fruto un refresco popular llamado cuajada y  en Bolivia la almendra se recomienda como estimulante del cerebro y la memoria.



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