viernes, 18 de noviembre de 2011

Cuando la luz era de carburo


Todavía a principios del siglo veinte, los bolivarenses de la capital se alumbraban con carburo, o sea, con gas acetileno.  Anteriormente la luz por las noches era posible con velas o con lámpara de aceite de seje o de tortuga y en lejanas zonas rurales con mechas de esparto y alquitrán.
Algunas casas distinguidas de Ciudad Bolívar ya se alumbraban con gas a finales del siglo diecinueve, pero fue a comienzos del siguiente cuando su uso se extendió, especialmente en los edificios públicos como el Colegio Federal que funcionaba en la Casa  del Congreso de Angostura, en la Iglesia Catedral y en el Teatro Bolívar.
El 20 de agosto de 1912 se conocieron los proyectos de bibliotecas para el Hospital y  el Colegio de Varones así como la colaboración prestada para completar el alumbrado del establecimiento educacional.  El rector Herrera Franco agradeció n esa ocasión  la cooperación de las personas a quienes se dirigió para llevar adelante, además de la Biblioteca, el alumbrado del Colegio Nacional de Varones que dirigía.  De esta forma el salón de actos académicos, además de su antiguo alumbrado de 75 velas, tenía el gas acetileno con potencia de 300 bujías.  Por su parte el doctor José Gabriel Machado, Procurador de Presos del Estado, sometió a consideración del Concejo Municipal el proyecto de fundar en el Hospital Ruiz, para entonces dirigido por los doctores Félix R. Páez y J. M. García Parra, una biblioteca de obras amenas que “tienda a levantar el espíritu decaído y el valor moral del enfermo”.
La Catedral instaló alumbrado de gas acetileno con un aparato generador marca Monarch importado de Estados Unidos en 1912, el cual suministraba la luz a tres arañas de diez mecheros cada una en la nave mayor, 14 mecheros en el Presbiterio del altar mayor, uno en la sacristía, 5 en el Coro alto y 15 en la nave lateral del Cristo, el equipo, incluyendo la instalación, tuvo un coso de 682, 85 pesos.
El gas acetileno, producto del carburo de calcio en contacto con el agua, fue industrializado a fin de mejorar el alumbrado público y doméstico.  Ese gas preparado en diferentes formas era capaz de generar una llama bastante luminosa.  Antes de que se inventase la lámpara eléctrica constituía uno de los medios más comunes de iluminación.  Fue descubierto por el químico inglés Edmundo Davy.
La lámpara de carburo es obra del ingenio inglés Edmundo Davy, a finales del siglo diecinueve y la popularizó la tecnología norteamericana.  Fue realmente una novedad muy aceptada en todos los estratos tanto por la luminosidad de la luz como por el costo del carburo de calcio que aquí en Ciudad Bolívar llegaba en tambores a bordo de los vapores de  la Real Holandesa y Venezolana de Navegación.  Los bodegueros expendían el carburo al detal en pequeñas cantidades envueltas en papel de traza.
Consta esta lámpara  también llamada carburera, de dos compartimientos que se cargan con ambos reactivos, agua en el superior y carburo de calcio en el inferior. Un elemento de regulación  permite aportar controladamente pequeñas cantidades de agua al carburo, produciéndose el gas acetileno que se quema en una boquilla que puede estar provista de un reflector  parabólico como en la gráfica.
Las primeras patentes de lámpara aparecen en 1899 en Estados Unidos y Alemania y ya en el siglo veinte casi todos los países, incluyendo Venezuela por supuesto,  fabricaban sus propios modelos.  Los aparatos originales sufrieron a través del tiempo muy pocas modificaciones desde la aparición de los primeros modelos, pues el fundamento de su funcionamiento apenas pudo variar.


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