domingo, 13 de noviembre de 2011

El Fortín del Zamuro


El 20 de octubre de 1913 el Fortín del Zamuro, eterno vigilante de la ciudad y el río, presentó entre piedras y arbustos, una nueva imagen, pues desde hacía una decenio su estado físico era lamentable como resultado del intenso cañoneo a que fuera sometido durante la última batalla de la Guerra Libertadora.  Entonces sus profundas heridas habían sido restañadas, gracias a la gestión del general Albero Ramírez, comandante de la Guarnición del Estado Bolívar. .
            El fortín o fortaleza como entonces le decían, había quedado en estado deplorable a raíz de la cruenta Batalla de Ciudad Bolívar de 1902, ganada por las fuerzas nacionales comandadas por el Vicepresidente de Venezuela general Juan Vicente Gómez, contra las locales comandadas por el general Nicolás Rolando y Ramón Cecilio Farreras, cabecillas de lo que restaba de la Guerra Libertadora.
            La fortaleza de El Zamuro, principal baluarte de la ciudad, se pasó al Gobierno al comenzar la batalla en la madrugada del 19 al 20 de julio.  Era jefe de ella el general Eduardo Azanza.  Farreras mandó en los días próximos a la pelea algunos oficiales no conocidos para que fueran utilizados en la guarnición, pero Azanza los devolvió por no ser de su confianza; sin embargo, Farreras insistió y allí quedaron.  Al comenzar la pelea, Azanza, quien vivía cerca, subió a la fortaleza a dar órdenes y se encontró con el movimiento de insurrección.  Trató de imponer su autoridad y uno de los oficiales de Farreras, le tendió el máuser.  Azanza se le fue encima y en la corta lucha que entablaron, un disparo lo hirió en el brazo y cayó Azanza derramando sangre copiosamente.  El General Rolando para readquirir la posición envió fuerzas al mando de los generales Pablo Guzmán y Pedro Lucas Carvajal, quienes llegaron hasta la cima a sangre y fuego, pero no lograron apoderase del reducto porque el Gobierno envió refuerzos al mando del General Juan Fernández Amparan, quien ocupó y se hizo cargo de la fortaleza. 
            Desde entonces la fortaleza quedó destruida hasta que el General Alberto Ramírez administró  la reconstrucción y el fortín quedó con sus flancos restaurados o remozados como en sus primeros tiempos, tiempos no de la Colonia como muchos creen sino de más acá, de finales del siglo diecinueve  cuando el Gobierno lo consideró necesario a la luz de la  experiencia militar de la llamada Guerra de los Azules que derrocó al civilista Juan Bautista Dalla Costa Soublette.
Hasta los años cincuenta del siglo veinte, el Fortín del Zamuro se mantuvo activo con soldados y cañones que dependían del Cuartel “El Capitolio”, pero ya para entonces la moderna artillería no requería emplazamientos en las alturas y, por otra parte, con el recurso de la aviación militar y el agotamiento de las guerras intestinas comandadas por caudillos de montonera, no justificaban la existencia de los fortines herencia de la época medieval.  En consecuencia, el Fortín del Zamuro perdió vigencia y progresivamente fue abandonado, quedando como reliquia del pasado tormentoso de los conflictos internos de la Venezuela rural.
Sin embargo, el Fortín del Zamuro, debido a su estructura hecha con materiales primitivos en los que la piedra era lo más sólido e importante,  sufrió daños en los pegamentos causados por los elementos ambientales, dado lo cual la CVG de los años ochenta, no sólo lo restauró para convertirlo en Museo de Sitio como en efecto lo es actualmente, sino que expropió las viviendas de su entorno, cercó y le construyó un camino a cuyos bordes se alzan bronces de  próceres que desde Angostura lucharon por  la Independencia de Venezuela.

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