lunes, 28 de noviembre de 2011

El médico José Tadeo Ochoa




 El 25 de enero de 1915 ocurrió la celebración del aniversario del nacimiento del médico José Tadeo Ochoa, conjuntamente con las bodas de plata de su colega Pablo H. Carranza. Precisamente fue este último quien pronunció la oración fúnebre a la hora de su sepelio en la Plaza Dalla Costa, hoy Plaza Miranda, en nombre de la Sociedad de Médicos del Estado Bolívar que él había liderado como presidente fundador.

El doctor José Tadeo Ochoa nació en Ciudad Bolívar y falleció aquí mismo en la tarde del 19 de febrero de 1924 y en esa ocasión el doctor Carranza dio testimonio de la pena que en el seno de la sociedad producía la desaparición de quien fue una de las más vigorosas columnas del gremio. A su entusiasta iniciativa se debió en gran parte la instalación de la Sociedad de Médicos, antecedente del actual Colegio de Médicos del Estado Bolívar. Fue su primer Presidente y la muerte lo sorprendió desempeñando la Vicepresidencia. En la Clínica de los Niños Pobres, la obra predilecta de la Sociedad de Médicos, desarrolló su altruismo profesional, sus arraigados sentimientos de caridad y su especial predilección por la infancia. Fue rector del Colegio Federal de Primera Categoría donde estudió y se graduó en 1885. Presidente del Concejo Municipal de Heres, diputado a la Asamblea Legislativa, director de Higiene y Salubridad y masón grado 33. Casado con la upatense Cecilia Rodríguez.

Su muerte conmovió a todas las instituciones y ciudadanía en general y en esa ocasión la Sociedad de Médicos del estado Bolívar publicó en la Gaceta Médica la siguiente “In memoriam”:

“Después de larga enfermedad, durante la cual no decayó un solo instante su noble y generoso espíritu, hecho para los ardores de la lucha y para las prácticas del bien, rindió la jornada de la vida, a las seis y quince minutos de la tarde del 19 de febrero del presente año, el meritorio guayanés doctor José Tadeo Ochoa.

Sobre su huesa se esparcieron en simpático homenaje de respetuoso cariño todas las flores de los jardines del Orinoco, y junto a ella, el alma de esta legendaria Ciudad Bolívar derramó las más puras lágrimas de aflicción, ya entregada al más acerbo de los dolores, desde el momento mismo en que la abandonó para siempre el hijo ilustre que tanto supo honrarla con su talento y sus virtudes.

El doctor Ochoa fue médico en toda la extensión de este vocablo, que tanto dice; y ya a la cabecera del enfermo como clínico, ya en la cátedra como profesor, puso de manifiesto su gran cultura mental, su amplio espíritu de observación, su claro criterio, la honradez de su corazón, su profundo amor a la ciencia en cuya tribuna hizo vibrar siempre el alto acento de la verdad, todo lo cual hizo de él un práctico de vanguardia, un profesional eminente, un facultativo completo.

El 22 de julio de 1885, coronó espléndidamente sus estudios nuestro maestro y colega, obteniendo en el Colegio Universitario de esta ciudad la borla del doctorado, y desde esa fecha hasta que lo postrara el mal que debía llevarlo a la tumba, no dejó un solo día de ejercer su hermoso y sublime apostolado, en el que supo brindar junto con el oro de su ciencia el oro también de su caridad, pues para la clase proletaria fue Ochoa un incansable benefactor, una verdadera Providencia.

Fue nuestro conterráneo miembro de la Facultad de Medicina, cuando el Colegio de Guayana era de 1ª categoría, después su presidente y miembro correspondiente de la Academia Nacional de Medicina, colaborando en los Congresos Médicos que ha tenido Venezuela”.

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