miércoles, 22 de octubre de 2014

El Pediatra José Tomás Ramos


El 18 de febrero de 1992, pereció en la vía que comunica con Caicara, el presidente del Colegio de Médicos del estado Bolívar, doctor José Tomás Ramos, al estrellarse una camioneta Bronco conducida por su colega el doctor Luis Sánchez, director del Hospital Universitario y en la que viajaba igualmente el doctor Luis Amundaraín, aspirante a la presidencia del Colegio.
José Tomás Ramos, nacido en Santa Inés, del estado Anzoátegui, el 12 de noviembre de 1942, realizó su carrera de pregrado en la Escuela de Medicina del Núcleo Bolívar de la Universidad de Oriente hasta recibirse de Médico Cirujano el 12 de febrero de 1968 y el 8 de agosto del mismo año ingresó al Colegio de Médicos donde realizó una labor gremialista que le valió su elección como presidente.
En 1973 realizó un postgrado de pediatría en Caracas para sumarse a la labor pionera que en el campo de las enfermedades infantiles iniciaron en el Ruiz y Páez especialistas como Elías Inati, Carlos Hernández Acosta, Pérez Cañas, Jesús López. Su labor en el departamento respectivo fue incansable y de entrega total a la medicina gratuita del Hospital y la Escuela de Medicina, pues jamás se dejó seducir por la medicina privada.
En el lapso que le correspondió ejercer la presidencia del Colegio, trabajó por la unidad gremial y quería que su labor fuese continuada por su colega el doctor Luis Amundaraín, a quien apoyó durante el proceso comicial hasta encontrar la emboscada de la muerte en uno de los tantos parajes de la vía que enlaza Ciudad Bolívar con la parte occidental del estado.
Los restos de José Tomás Ramos, fueron expuestos en capilla ardiente en la sede del Colegio de Médicos y de allí trasladados a su estado natal.
Su colega Jesús Rodríguez Silva señaló entonces como afortunada coincidencia que tanto José Tomás Ramos como Evaristo Marín, de la misma promoción y con igual dedicación y espíritu de servicio, hayan perecido un 18 de febrero aunque de años distintos. Ambos, al igual que Rafael Montes, Miguel Madriz y Rafael Prieto militaban en la misma causa del servicio social de la medicina y tuvieron un destino signado por la tragedia.
Su colega Rodríguez Silva recordaba a José Tomás Ramos, en el año 1968, como médico egresado de la UDO, en esos días presidente de la Sociedad de Internos y Residentes del Hospital Ruiz y Páez, en su condición de Médico Interno para que él, como especialista, le auxiliara en la atención de una emergencia, a diario y a cualquier hora, época en que no se compensaban las guardias nocturnas ni las de disponibilidad. Y en otras, arengando a internos y residentes para la selección de un miembro de la Comisión Técnica del hospital, cuando recalcaba que no se trataba de un concurso de Miss Simpatía sino para elegir a un representante idóneo para una posición vertical ante el nivel directivo.
Evaristo, egresado de la Facultad de Medicina de la ULA, en plena mitad de los sesenta, completaba en Ciudad Bolívar su Residencia de Pediatría y ya empezaba como Profesor Instructor de la UDO antes del término de esa década. Más tarde, en los setenta, regresaba de España como Gastroenterólogo-Pediatra. Profesional de alta calificación, del mismo modo que José Tomás, ya Pediatra-Neonatólogo de la UCV, se conjugaban para atender de igual manera a niños humildes a nivel hospitalario, o hasta en los propios barrios, cuando nada se sabía de misiones de Barrio Adentro o a los hijos de colegas médicos o universitarios.

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