viernes, 24 de octubre de 2014

Atado Alexis cruza el Orinoco

Alexis Vásquez, con pies y manos atadas, suele cruzar el Orinoco que no tan sólo es el río más grande y caudaloso de Venezuela, sino que está dominado por corrientes, algunas encontradas y formando peligrosos pailones.
Ha vivido siempre a la orilla del río, en el pedregoso ambiente de La Encaramada, es decir, de La Encaramada de Soledad pues en Caicara existe otra Encaramada ocupada en un tiempo por los indios Tamanacos, que según su cosmogonía, Amalivaca fue el creador del Orinoco.
Cuenta Alexis estar familiarizado íntimamente con el río. Conoce todos sus recodos y corrientes y jamás ha sufrido un percance, no obstante lo riesgoso que significa desafiarlo a nado con los pies y las manos atadas.
Desde que tenía diecinueve años de edad practica ese particular y riesgoso deporte que abisma al común de la gente y despierta su admiración. En prueba de muy largo alcance, ha sido necesario la protección y custodia de los bomberos marinos y de otros pescadores de la gran familia de La Encaramada.
Hace poco Globovisión dio a conocer nacional e internacionalmente su proeza que ponderan los habitantes de la vecina Soledad y también los ribereños de este lado de Ciudad Bolívar, especialmente de Perro Seco y El Polanco donde han salido los grandes nadadores del río.
Si Simón Bolívar en 1817 fue capaz de nadar con las manos atadas hasta una corbeta anclada en el Orinoco, por qué él no podía hacerlo igualmente, se preguntó muchas veces Alexis Vásquez mientras libaba su cerveza con otros pescadores arrellanados sobre las piedras de La Encaramada.
Efectivamente, en su libro “Misceláneas”, el profesor José Francisco Miranda (Fitzí) al escribir una crónica sobre Josefina (Pepita) Machado titulada “La querida del Libertador”, dice que “…los amantes por las tardes pasean por las orillas del Orinoco. Ella se encuentra triste, le oculta al amado que por las tardes tiene fiebre y manchas rojas quedan en sus pañuelos cuando tose. El Libertador observa que ella está como absorta y un día, para distraerla le dice al edecán: ¿Usted sabe nadar? Sí mi General, nado muy bien. Pero no mejor que yo. Aquella corbeta está como a cien metros de la orilla le apuesto a que llego a ella primero que usted. En el acto se despoja de casaca y camisa, hace que el oficial le ate las manos con la corbata tirándose a las aguas. El oficial se lanza a las olas y nada a su lado teniendo que ayudar para que alcance el barco, pues respiraba apenas. Y ya sobre cubierta dice: usted nada mejor que yo, pero lo hice. El amado remonta el Orinoco para no parar su carro triunfal hasta Ayacucho. Aquí queda la bella mujer a quien ronda la muerte, dos años transcurren hasta que ella parte a reunirse con él, pero morirá atravesando el llano cuyos calores fatales fueron para sus destrozados pulmones. Después Manuelita la borrará del recuerdo.
¿En cuál casa vivió el Libertador con Josefina Machado en Ciudad Bolívar? Quienes tengan mi edad, recordarán una casa de dos pisos con balcón colonial, que en la calle Igualdad quedaba frente a la Catedral, al lado de la esquina que hace intersección con la calle Bolívar. Era propiedad del General Ascensión Farreras. Este negro descendiente de Melchor y Juana Nepomucena, traídos de la región del Esequibo como esclavos de don Félix Farreras, se incorporó a la causa de la independencia el año de 1817 abandonando a los españoles con dos flecheras bien armadas. Tomó parte en todas las batallas hasta Pasto, donde lo dejara el Libertador de jefe de guarnición”.

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