miércoles, 29 de junio de 2016

Kalimán y el Jeque



Por las calles de esta ciudad dejaron de ser transeúntes de la picaresca angostureña, Kalimán y el Jeque, nadie sabe si fue que se murieron o se los llevaron los caravaneros, aunque el actor de teatro Gustavo Basanta nos dijo antes de morir que a Kalimán lo vio en una esquina de Caracas luciendo su muy peculiar vestimenta en la que destacaba su informe corona de emperador que más bien parecía una tiara pontificia tachonada de zunchos  y desechos. Del Jeque, si de verdad que nadie da razón, ni sus propios paisanos aunque hay quienes dicen que fue la propia colonia árabe que lo sacó de circulación por el extraño comportamiento del personaje que tendía a lastimar el orgullo de la gran familia musulmana. Pero, ¿cuál el comportamiento extraño del Jeque? Simplemente que usaba indumentaria un tanto maltrecha, pava margariteña que lo protegía del recio sol angosturense, un repujado bolso de cuero, larga-vista blanco y una pequeña silla de extensión en la cual se acomodaba para descansar y leer el periódico.
        Este Jeque trae a la memoria del colectivo la historia de un negro inglés de nombre Óscar que se lo pasaba con un tubo a guisa de telescopio sondeando el firmamento en busca del Cometa Halley aparecido en 1910.
        El diario El Luchador que junto con el Bachiller Ernesto Sifontes, seguía día a día la llegada del cometa, insertaba en sus páginas todas las especulaciones de investigadores como Flanmarión y Ambrosio Paré que presagiaban calamidades que llenaban de pánico a la población.  Aquí en Ciudad Bolívar causó sus efectos y el periódicos vespertino da cuenta de lo ocurrido al negro ingles: “Así lejano como está el Halley, comienza hacer sus estragos en el cerebro y sistema nervioso de los débiles.  Tal acaba de suceder con un negro inglés de nombre Óscar, a quien una obsesión por el cometa lo ha dejado en completo estado de enajenación y con la monomanía de estar fabricando con cartón tubos en forma de cilindro para buscar con ellos a guisa de telescopio al errante viajero causante de su locura. Es preciso que la idea que tenemos de estas atrocidades  pregonada por los escritores  no ocupen en nuestras mentes sitios de importancia porque así lo débiles serán los que vengan siendo perjudicados por el visitante siderio,  que quizás no nos traiga otra cosa que momentos de distracción”.
Kalimán era otro alienado, no por el cometa Helley que nos visita cada 76 años, sino por las historietas del super héroe que durante un tiempo cautivaron a los lectores por sus aventuras épicas, misteriosas y emocionantes, aunque inverosímiles.
Según las historietas mexicanas que causaron estragos en la mente del  Kalimán guayanés, Kalimán era el séptimo hombre de la dinastía de la diosa Kalí. Hombre justo que dedica su vida en cuerpo y alma a combatir las fuerzas del mal siempre acompañado de un niño egipcio, descendiente de Faraones llamado Solín.
Los orígenes de Kaliman son ambiguos, existe un mito referente a que sería descendiente de una antigua civilización que habitaría las profundidades de la Tierra conocida como Agharta. Por otra parte, y por motivos aún desconocidos, siendo apenas un recién nacido, fue encontrado flotando en una cesta por un príncipe llamado Abul Pasha, quien lo habría adoptado como su hijo y heredero del reino de Kalimantán, ubicado en un ficticio punto de la India.

El problema del Kalimán guayanés era que en vez de un turbante con un medallón frontal usado por el verdadero Kailimán de las historietas mexicanas e incluso el de la película “Kalimán, el  hombre increíble”, usaba una corona de emperador o de pontífice tachonada de cachivaches que ponía de buen humor al más cascarrabia de la comarca.

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