martes, 14 de junio de 2016

La Casa Embrujada


Carmen Elena (en la foto), la llamada “Reina del Arpa”,  el 8 de enero de 1987, hizo un viaje sorpresivo de Caracas a su natal Ciudad Bolívar a ver si le hallaba comprador a la casa abandonada por su familia.  La llamada  “Casa de Piedra”, en la avenida La Paragua, hoy “Libertador”, pero le fue difícil hallar quien la comprara, ni siquiera pudo alquilarla.  Los últimos inquilinos abandonaron la casa intempestivamente aduciendo que de noche se sienten unos ruidos espantosos.
            Conocidos le sugirieron inútilmente que requiriera los servicios religiosos del Arzobispo que recientemente había exorcizado una casa también embrujada de la calle 28 de octubre.  Efectivamente, el arzobispo Crisanto Mata Cova, bendijo el 29 de agosto la casa de una familia amiga que se decía insistentemente que estaba embrujada.
            Los habitantes de la casa Nº 26 de la Calle “28 de Octubre” vivían entonces en un estado de nervios debido a las consejas de espíritus encantados que por las noches hacían espantosos  ruidos y lanzaban lamentos sobrecogedores.
            Los vecinos ofrecieron testimonios de una enigmática situación que venía dando pábulo a viejas creencias populares.
            El arzobispo admitió lo de la bendición pedida como acto normal por la familia que dijo es de su amistad., pero cuando se le preguntó sobre el “embrujamiento” respondió que “en la casa de la familia Cardozo sólo ha habido un estado de nervios colectivo que por ser gente muy buena ha superado”.
            Monseñor comentó que un buen católico debe ser fuerte espiritualmente para no dejarse contaminar por la superstición, la brujería, “los médium” y el engaño, que en Guayana parecen tener clima muy propicio.
            No se trataba del primer caso.  En el siglo pasado, los citadinos bolivarenses creían embrujada la casa de la calle Igualdad 29 frente a la pared lateral de la Catedral.  Ella durante mucho tiempo sirvió de morada a la familia Contasti. Los Contasti la alquilaron pese a la leyenda que se tejía sobre el inmueble, según la cual en ella a determinada hora del día y de la noche se sentía en sus sótanos ruidos de cadenas, pisadas lentas y pesadas, gemidos que espantaban y hasta una señora vestida de negro con los ojos enrojecidos por el llanto llegó a ver, a través de un postigo, la niña Stella Gómez Machado, cuando la casa estaba deshabitada.
De espíritus encantados muchas veces transfigurados en animales en las vetustas y solariegas casas  de Angostura siempre se ha hablado.  El extinto Julio Saramacual, vigilante del diario El Bolivarense solía contar que a la luz de la luna en cuarto menguante, un chivo negro con barba rizada y cornamenta de fuego, berrocheaba durante un minuto en el patio de la casa y luego desaparecía al ver una Boa o algo parecido que luego de arrastrarse se internaba en la boca de una alcantarilla. 
Lo de espanto y brinco fue lo sucedido en el Hospital Universitario “Ruiz y Páez”:  Una mujer blanca y de rasgos finos, pasada ya  de los 40, fue hallada yacente en la vía, muerta o en estado cataléptico, y los transeúntes la veían y le rezaron hasta que llegaron policías judiciales, la observaron y la metieron en una furgoneta.
El cuerpo de la dama que más tarde se dijo que se llamaba Eladía de Solís, fue colocado en un mesón de la cava de la morgue del hospital mientras los detectives David Daza y Javier Rodríguez iban a su Departamento de la Brigada Contra Homicidios a buscar sus instrumentos para un examen macroscópico. Al volver abrieron la puerta de cava y  cual no sería su sorpresa cuando vieron que la dama estaba de pie. El maletín con los instrumentos cayó al suelo y los funcionarios salieron de la Morgue en estampida. Más luego se supo que de todas manera la mujer murió. Los médicos investigan qué pasó. ¿Catalepsia, muerte posterior a causa del frío?




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