viernes, 17 de junio de 2016

EL Gliptodonte Guayanés

El cachicamo es miembro de una familia de la América Meridional que como los gitanos nunca tienen un sitio fijo donde morar. Vaga por todos los monte y al igual que los pájaros se alimenta de insectos que succiona a través de un hocico aguzado y que viene siendo prácticamente su cabeza.
Como buen caballero andante, nunca abandona la coraza articulada que lo protege de sus enemigos, especialmente del campesino que ha aprendido a aderezar con su carne unos platos muy sabrosos. El hombre del campo lo persigue con su perro adiestrado porque ya el cachicamo es para él parte de su dieta habitual.
Pero el cachicamo que siempre se ve asediado por sus voraces enemigos, ha aguzado su instinto de estratega tanto como su hocico, de tal suerte que cuando presiente el peligro vuelve rápidamente a su más reciente madriguera y si está muy próxima la asechanza cava al instante una cueva con las garras de sus patas cortas o simplemente se convierte en una bola acorazada con la que resguarda sus partes vulnerables.
Los campesinos suelen llamar “ Cachicamo”  a una persona para ellos muy reservada y reconcentrada en sí misma y esto es porque el cachicamo, a su manera de ver, se protege demasiado, permanece resguardado bajo su natural armadura de bandas córneas heredadas posiblemente de un tatarabuelo raro y singular que bien podría ser el Gliptodonte, armadillo de metro y medio de alto que vivió durante la llamada época del cuaternario americano, hace más de veinte mil años.
En Guayana, concretamente en los barrancos de los placeres diamantíferos del río Guaniamo, al sur de Caicara del Orinoco, los mineros han encontrado fósiles del Gliptodonte.
Simón Freddy Martínez, un joven y hábil comprador de diamantes, vendió en 30 mil bolívares las piezas principales de un Gliptodonte fosilizado hallado en un sitio que los mineros comenzaron a identificar después del hallazgo como la “Explanada del Esqueleto”.
Esos fósiles fueron sacados del país y ello llevó al Gobernador Manuel Garrido Mendoza a dictar un decreto prohibiendo la salida hacia el exterior de fósiles y obras de arte sin autorización previa del organismo competente del Ejecutivo.
         Y es que al igual que con esos fósiles, ha salido del Esado Bolívar esculturas, cerámicas primitivas, otros objetos de valor artístico como históricos, sin incluir los que intencionalmente han sido sustraídos por manos criminales del Museo de Arte en la Casa del Correo del Orinoco.
         Cuando se iniciaron los trabajos de reconstrucción y restauración de la Catedral de Ciudad Bolívar, desaparecieron los vitrales.  Antes por obra y arte de birlibirloque había desaparecido una antigua araña de cristal que según las malas lenguas atribuyeron al Gobernador Mario Briceño Iragorri para donarlas a la Iglesia de Santa Ana de su nativo Estado Táchira.  Esto no se ha podido comprobar, pero sí  la estatua pedestre de Miranda sacada  con la venia del Gobernador Luis Raúl Vásquez Zamora, de la Granja del Estado donde se hallaba guardada, para reubicarla en Palo Negro.
         Los Catalejos que el General Manuel Piar utilizaba en la batalla San Félix, fueron sustraídos de sus pertenencias confiscadas y al parecer se hallan en  Maracay, seguramente en manos de los herederos de Bartolomé Tavera Acosta, quién también se llevó de Guayana las Memoria del General Farreras.
         En la Casa de San Isidro por muchos años estuvo expuesta en uno de los muros de la entrada una campana del Siglo XVIII que perteneció a la antigua ciudad de Santo Tomás de Guayana.  Igualmente ya no se ve  expuesta en la pared interna un rifle de la Batalla de Boyacá, donada a la ciudad por el Cónsul de Colombia. 
         Desapareció del jardín interno de la Biblioteca del Estado, el busto en bronce de Rómulo Gallegos realizado por el escultor Asdrúbal Meléndez, autor igualmente del busto de López Contreras que se halla en el Comando de la Guardia Nacional.
        



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