jueves, 28 de mayo de 2015

La última obra de Rafael Pineda




El 9 de mayo de 2001 la prensa informó de la circulación en Caracas de un nuevo libro de Rafael Pineda -Iconografía de Francisco de Miranda-, el primero que sobre esta materia se ha escrito en Venezuela.
La edición fue patrocinada conjuntamente por la Comisión Presidencial para la Conmemoración del 250 aniversario del Natalicio del Generalísimo Francisco de Miranda, el Ministerio del Interior y Justicia y el Banco Industrial de Venezuela. La imprimió la Editorial Arte.
En el mismo se halla un capítulo sobre un retrato de Miranda, obra del italiano Tomás Barbalonga, que se encuentra en Ciudad Bolívar. Se trata de un óleo sobre tela, 86x66 cm, firmado y fechado el 16 de marzo de 1953 en la cámara municipal.
Relata el crítico de arte Rafael Pineda que son “Gamas muy castigadas, propias de una paleta de europeo, empleó el artista para efigiar aquí al precursor a quien representa en época que se corresponde con sus actuaciones como uno de los protagonistas de la avanzada de la Revolución Francesa en Bélgica y Holanda para enfrentarse a los austro-prusianos. Esta marcialidad se pone de manifiesto en la actitud que es al mismo tiempo la del citoyen, para quien cada derecho adquirido significa asimismo un deber republicano, porque de ambos depende precisamente el curso que tomará la historia.
Con el flujo inmigratorio de Italia a Venezuela que se intensificaría cada vez más en la década del cincuenta, Barbalonga desembarcó en La Guaira, dio seguramente un salto a Caracas que ya hervía de paisanos, para proseguir a Ciudad Bolívar donde se encontraba en 1949. Quizás hasta aquí lo llevó la curiosidad por conocer el Orinoco, si es que ya no había sido palabreado para dirigir la Escuela Municipal de Pintura y Dibujo que se abrió en la planta baja de una casona esquinera de la la calle Boyacá. Pronto se corrió la voz, los interesados, jóvenes la mayoría, acudieron inscribirse en ambos cursos.
El 15 de septiembre de 1950 Barbalonga concluyó y fechó un retrato al óleo del niño y futuro abogado José Miguel Gómez Bello, que fue comisionado por su padre el Dr. José Miguel Gómez Rangel. Éste adquirió, del mismo pintor, dos aproximaciones al paisaje de vivacidad neo-impresionista, también al óleo: Vista de la Calle El Zanjó, El jardín, donde florece asimismo una muchacha (colección Clementina Bello de Gómez Rangel). El niño posaba durante media hora cada vez para Barbalonga no sin grande esfuerzo de su parte al verse sometido a la inmovilidad, aunque finalmente se rendió a la concentración que el artista ponía en cada pincelada después de ojear rápidamente al modelo.
Un número considerable de pinturas y dibujos. 132 en total, expusieron en la biblioteca-auditórium del Grupo Escolar Estado Mérida los alumnos de Barbalonga que para entonces, 20 de diciembre de 1952, sumaban catorce. En el catálogo alternan los paisajes del Orinoco y de sitios característicos de Ciudad Bolívar, con retratos y bodegones, obras de las cuales firma una veintena.
Carlos Vaccaro, italiano como el profesor, y otra tantas Andrés Fajardo, quien posteriormente ingresaría al sacerdocio. Los otros expositores: Irma Barceló Sifontes, Carmen Barroso, Juan Corredor Carlos Cova, Andrés Enríquez, Isaura Espinoza César Gómez, Fu Keima, Trina Luque, Argenis Macías, Tomás Pulido y Teresa Tiapa. Irma, una las hijas de José Manuel Barceló Vidal, entonces presidente del estado Bolívar, recibió privadamente las lecciones de Barbalonga, en una media agua de la Casa de los Gobernadores que fue acondicionada al efecto.
Por ese tiempo, Barbalonga comenzó a pintar el retrato de Josefina Marten de Villegas, joven y bella estudiante de guitarra; pero el óleo quedó inconcluso porque el esposo de la efigiada, Raúl, a la quinta pose y sin más ni más, decidió suspender las sesiones que se llevaban a cabo en su casa”.

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