lunes, 15 de diciembre de 2014

Oro, mercurio y diamante


El 8 de septiembre de 1995 revienta en la prensa un cable internacional con la noticia según la cual Venezuela espera producir 3.200 kilos de oro al cierre del año y solo con un esfuerzo de Minerven duplicar ese volumen en1999.
Tal incremento sustancial de la producción de oro lo atribuye el cable a la política minera de apertura a la inversión privada tanto nacional como extranjera, delineada en 1990 y la cual se consolidó con la participación de empresas de origen canadiense, inglés, americano, sudamericano y alemán.
Al tiempo que se divulgaba esta noticia, el presidente de la CVG firmaba siete contratos administrativos de pequeña minería para explotar oro y diamante. Luego esta potestad pasaría a manos del ministro de energía y Minas por la vía de concesiones especiales, al quedar derogado el Decreto 1409 del gobierno de Jaime Lusinchi que otorgaba inherencia a la CVG para el otorgamiento de contratos a grande y pequeña escala.
Bajo la Coordinadora Regional Minera del Estado Bolívar presidida por Nelson Lezama, los pequeños mineros quedaron ubicados definitivamente en cuatro grandes áreas: Gran Sabana, Municipio Sifontes, La Paragua y, el Guaniamo donde ya se hacían exploraciones para la obtención de diamantes bajo un sistema inédito en Venezuela como es el de la explotación de las llamadas chimeneas kimberlíticas.
Lo único malo de la explotación aurífera y diamantífera es la depredación de los bosques y el mercurio que para entonces tenía contaminado el 42 por ciento del pescado procedente del embalse de Guri, según estudios realizados por una comisión integrada con expertos de CVG, Fundación La Salle, Profauna y el MAC. 25 mil personas subsistían entonces de la pesca de la represa.
El gran problema de la minería aurífera artesanal es el mercurio, el único metal que es líquido y que es capaz de disolver el oro a pesar de su nobleza.
El mercurio, tan prodigado en la antigüedad y admirado por los alquimistas que pretendían la piedra filosofal, ha resultado en plena modernidad un peligro para el ambiente y la salud humana. Evidentemente ha caído en desgracia de tal manera que hasta existe un tratado internacional para reducir su uso.
Alrededor de la mitad del mercurio que pasa al medio ambiente cada año procede de erupciones volcánicas y otros procesos geológicos. Ante eso, no hay nada que hacer. Pero la otra mitad es liberada por la acción humana.
El problema llega cuando el mercurio es hervido para obtener el oro puro o cuando se deshacen de restos contaminados.
En el agua, el mercurio se transforma en una molécula orgánica altamente tóxica, el metil-mercurio, que es rápidamente absorbido por algas y placton. Éstas son el alimento de animales más grandes, que a su vez son comidos por otros aún más grandes, hasta que llegan a nosotros. En el camino, ese químico tóxico se va concentrando cada vez más, y se torna en una amenaza particularmente seria para los cerebros en desarrollo de niños y fetos.
El problema del manejo y utilización del Mercurio es tan grave, que los gobiernos del mundo tan renuentes en ponerse de acuerdo en muchos asuntos globales, han tomado carta en el problema, al menos 93 naciones, incluyendo a Estados Unidos y firmado el tratado de Minamata, diseñado para restringir la polución por mercurio, es una muestra de cuán preocupados están por los efectos del mercurio en el medioambiente.
Eso implica instalar equipos que lo recolecten en las chimeneas de las plantas de energía, de fundición y fábricas de cemento.
Significa también continuar la eliminación gradual del uso de mercurio en medicinas y equipos. Pero lo más difícil probablemente va a ser romper el vínculo entre el mercurio y el oro

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