lunes, 13 de enero de 2014

Transformar El Callao en ciudad moderna


En 1974 cuando Pedro Battistini Castro (en la foto) era parlamentario nacional después de haber sido gobernador, propuso transformar la fisonomía urbana de El Callao, distrito minero muy apegado a sus afectos toda vez que él es nativo de esos lados, específicamente de Tumeremo (febrero 1926).
         La zona poblada de EL Callao estaba entonces  llena de ranchos y casas viejas, la mayoría abandonadas y en escombros, y no había un sólo sitio donde construir. Había gente que quería construir y tener casa propia, pero no encuentraban dónde porque quienes tenían parcelas y casas viejas y abandonadas pedían una fortuna por ellas y los usureros que vivían del alquiler de sus ruinosas propiedades tampoco querían salir de ellas sino continuar sacándole provecho lo más que se pudieran.
El Callao en 1974, con menos de 6 mil habitantes, tenía 1.625 viviendas, de las cuales 1.291 eran de bahareque. Las mejores casas estaban en  el caserío  El Perú, sitio de las minas, y donde se hallan las instalaciones de tratamiento del oro.
El Callao nació y se formó al calor de la explotación del oro del Yaruary y se encuentra ubicado a la orilla de este río y sobre una roca de galerías. Está circundado por pequeñas colinas y montículos a una altura de 85 metros sobre el nivel del mar.
Con todas las riquezas que ha producido este pueblo desde hace más de una centuria, no representaba nada como tal.
Seguía siendo un lugar de habitantes apacibles, bregadores  y humildes que se alegraban de vez en cuando con los tambores de la Negra Isadora.
Battistini dijo en aquella ocasión que El Callao con el nuevo programa de explotación minera iniciado  por el Gobierno y por ser un sitio de natural atracción turística debía cambiar su aspecto de ranchería deprimente. Creía que oficialmente debía pensarse en una expropiación de numerosas casas para construir una nueva ciudad moderna o dictar una ley que obligue a los propietarios a acogerse a un nuevo planeamiento urbano del pueblo.
Para entonces, El Callao carecía de ejidos.  Era una cuestión que estaba por resolverse. El pueblo  venía creciendo sobre 2.253 hectáreas de tierras que la Nación vendió por 90 mil bolívares a la extinguida Compañía Anónima Minera de El Callao. 
Luego la superficie creció en manos  de la Compañía New Gold Mining al comprar todas las concesiones, por lo que  el pueblo continúa creciendo en tierra ajena.
Estas concesiones caducaron a mediados del siglo veinte  y la caducidad de las concesiones revierte a la Nación:  "las tierras adquiridas  con destino a la exploración y. explotación minera, comprendidas las de hidrocarburos y demás minerales combustibles, pasarán en plena propiedad de la nación, sin indemnización alguna, al extinguirse por cualquier causa la concesión respectiva".
Por iniciativa del doctor Faustino Pulgar, siendo Director de Política del Ministerio de Relaciones Interiores en 1968, el abogado Raúl Ramírez, realizó un estudio sobre los eji­dos de El Callao y dejó la vía legalmente expedita para que et Gobierno le resolviera el problema de propiedad de la tierra a quienes en Él Callao tienen viviendas y aspi­ran a tenerla, Pero, la dejadez, siempre la dejadez, ha estado atravesada
Una de las verdades sostenidas entonces por el doctor Ramírez, señala que las tierras de El Callao eran baldías cuando fueron otorgadas en concesiones y que su cali­dad de tal no se ha perdido, por lo que el Gobierno Na­cional, a través de sus organismos específicos y siguiendo el procedimiento pautado en la Ley de Tierras Baldías y Eji­dos, muy bien pudiera solucionar el problema.






No hay comentarios:

Publicar un comentario