viernes, 2 de septiembre de 2016

La Visita en el Tiempo


Juvenal Herrera (en la foto), fallecido durante los Carnavales de El Callao, 10 de febrero de 1991, me regaló trece días  antes de su muerte, el último libro de Arturo Uslar Pietri, “La visita en el tiempo” con la dedicatoria “Para Américo Fernández, el piache de Coche, con el afecto de Juvenal Herrera, Enero 1991”.

         No se por qué siempre me imaginé fue éste un obsequio de despedida en la ocasión premonitoria de su viaje hacia la ultimidad, tanto por lo que le aconteció inmediatamente después como  por el título sugerente del libro.

Casualmente, también el autor de la obra murió en febrero y en tiempo de carnaval.  “La visita en el tiempo” fue ganadora en 1990 del Premio Príncipe de Asturias que anualmente y desde 1981 entrega  Su Alteza Real, en un solemne acto académico que se celebra en Oviedo, capital del Principado de Asturias para contribuir a la exaltación y promoción de cuantos valores científicos, culturales y humanísticos son patrimonio universal.
         Esta obra de Uslar Pietri  es la historia novelada, de Don Juan de Austria, quien en una empresa casi sobrenatural derrota el invencible poderío turco en la batalla naval de Lepanto, donde, por cierto, resultó manco  Cervantes, autor de Don Quijote de la Mancha, la obra más genial y vendida del mundo.
         Arturo Uslar Pietri, quien cultivó con acierto el  género de la historia novelada, fue  además de político, economista, novelista, cuentista, ensayista y literato, un periodista consumado que escribía artículos de fondo semanalmente para la prensa nacional e internacional y ejerció durante años la dirección del diario El Nacional y de su Página Literaria.
         Me tocó ejercer la Corresponsalía de El Nacional en 1969 cuando AUP asumió la dirección de ese diario, entonces, fechada el 28 de abril, recibí una carta suya que fue siempre mi guía como reportero y que debería servir de orientación permanente a las generaciones de colegas que anualmente egresan de las escuelas de comunicación social del país.
         Atendiendo una invitación que me hicieron estudiantes de periodismo de la Universidad Católica “Andrés Bello”, leí y deje copia de esta cata que entre otras recomendaciones y afirmaciones decía que “El corresponsal no es otra cosa que el periódico en su territorio.  Debe estar alerta para conocer verazmente y trasmitir con toda objetividad la información significante. 
“Esa información debe ser ante todo local, pero debe significar algo de interés y curiosidad para todo el país.  No sólo sucesos, sino iniciativas que signifiquen progreso o situaciones que deben ser conocidas.
 “En sus informaciones no debe haber opinión ni inclinación personal, sino noticia cierta de hechos y declaraciones de personas que tengan interés.  En este sentido debe usted tener en cuenta que un diario como El Nacional sufre constantemente de la falta de espacio para poder darle cabida a toda la información que recibe.  Por lo tanto no sólo es necesario enviar información significativa y valiosa, sino además hacerlo en forma más directa y completa, sin palabras ni circunloquios innecesarios.  Un buen reportero es el que dice todo lo que hay que decir de la manera más directa y clara y en el menor número de palabras. 
         “También es conveniente que no nos limitemos a trasmitir exclusivamente sucesos, declaraciones políticas o visitas de personajes nacionales... a veces, más que las declaraciones de un político visitante que repite lo que ya ha dicho en Caracas, tiene interés informar sobre el desarrollo de una nueva industria, sobre la situación de la agricultura, sobre problemas de vialidad o de edificación o de sucesos públicos locales.  Las noticias de carácter económico son de particular interés para la región y para todo el país”.


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