sábado, 10 de septiembre de 2016

La artista guayanesa Aimée Battistini



En la madrugada del 8 de julio falleció en Paría, a la edad de 73 años, la artista venezolana, nacida en Guayana,  Aimée Battistini, del famoso grupo de Los Disidentes.  Era hermana del médico Francisco Battistini.
            Aimée Battistini, una venezolana descendiente de corsos, nacida en El Callao, militó en el grupo de Los Disidente, junto con Alejandro Otero, Pascual Navarro, Guillent Pérez, Carlos González Bogen, Peran Erminy, Armando Barrios, Rubén Núñez y Dora Versen, entre otros, que en la década de los 50 tuvieron destacada participación en la aventura del arte abstracto gestada en la capital francesa.
            Aimée estuvo en Caracas en abril de 1980, tras veinte años de ausencia, para la Exposición de Arte Constructivo Venezolano 1945-1965 que se realizó en la Galería de Arte Nacional, pero, cuando llegó la exposición ya había sido desmontada. En esa ocasión donó varias obras constructivistas suyas al Museo Soto.
            “Mi problema no es la composición octogonal, ni la forma libre, no la cosa gestual ni nada de eso”, había dicho acerca de su propio trabajo. “He querido que las formas estén sometidas, humildes, a un ritmo que siento interiormente. El ritmo va construyendo levemente aquella geometría sobre el fondo de la tela. La geometría no es la vedette. El ritmo si”.
            Aimée tenía 17 años cuando dejó por primera vez a Venezuela. Había nacido en El Callao en 1916 y su abuelo materno, Virgilio Casalta, huyó de Marsella cuando tenía 15 años. Alimentando calderas de barco en barco, llegó a Ciudad Bolívar, atraído por un viejo pariente, don Pedro Battistini, quien reconstruiría en Córcega una versión del Teatro Bolívar. Se hizo rico, y murió a los cien años, en pleno uso de sus facultades.
            Su madre se casó con un primo hermano corso, que atendía la Petite Lafayette, una tienda que vendía alpargatas y linternas a los mineros de El Callao.
            Posteriormente, la familia regresa a Europa, a París específicamente, donde Aimée busca, sin encontrarlas, las huellas de Michelena. Muchos años después, luego de su divorcio, regresa a Caracas con su pequeña hija, Ludmila.
            Entonces conoce a Alejandro Otero, con quien comparte las diversas tertulias artísticas y literarias que tienen lugar en esos años, y en las que participan Ana Enriqueta Terán, Carlos Augusto León, César Rengifo y Pedro León Castro, entre otros. En el 45, al finalizar la guerra, Aimée se marcha a París, después de varios años en México, y entonces se dedica, acompañada por Otero, a recorrer los rumbos de Picasso, Braque, Juan Gris.
            Poco después, en le apartamento de Guillent Pérez, también fallecido recientemente, sería una de las protagonistas del nacimiento de Los Disidentes, y a cuya primera revista ella le puso nombre: L’Homme de L’Arc, inspirado en un verso de Heráclito.
            “No se nos puede acusar de ningún esoterismo”, declaró, en 1980, a Pablo Antillano. “No caímos de cabeza en los primeros abstractos. Cuando uno lee los libros de Mondrian o Kandinsky ve que en ellos hablan de pictoridades antes que todo. Nosotros estábamos lejos de eso. Utilizábamos lo de ellos para hacer nuestras propias cosas. De allí surgieron nuevas cosas, un constructivismo que continúa siendo una línea llena de posibilidades”. 
           Cuando Aimée Battistini se había despedido de Ciudad Bolívar para viajar a Paris izo escala en Trinidad y allí la encontró el poeta andrés Eloy lnaco de regreso a Caracas luego de declamar el Rio de ls siete estrellas en el Teatro Bolívar y quedó tan impresionado de la belleza juvenil de Aimée que le escribió este soneto:
            “Afortunado nombre entre los nombres bello / ¡nombre como una estrella prendida en los cabellos! / Nombre que tu belleza ciñe como un laurel / nombre para que todos te amen un poco en él / Si no hubiera anidado ya en tu cabeza el cuervo / quizás fuera ese nombre una hija de Nervo / si hubiera sido de oro de otro siglo sería / ventura de una noche y un día / con un galán nervioso que espera tu llegada / para decirte apenas: ¡Cuánto tardaste amada! / Nombre que es la promesa del amor esperado / que esperó hasta la muerte mariana alcanforada / nombre que ha de ser gloria en los besos del hombre / que ha de llamarte amada por algo más del nombre”.

             

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