jueves, 22 de septiembre de 2016

Por la señal de la Cruz


No necesariamente uno tenía que persignarse cuando entraba al Instituto de Artes Visuales Armando Reverón de la calle Igualdad de Ciudad Bolívar, de todas maneras, cuando el visitante penetraba su interior y comenzaba a percibir los signos y mensajes de sus muros, le provocaba santiguarse porque el ambiente era el de iglesia improvisada en una casa antigua de piedra y barro.
         No es que el ambiente fuese constantemente así, sino que intencionalmente había sido dispuesto de esa manera porque se trataba de un homenaje a quien había sido distinguido con el segundo premio “Francisco de Lerma y Villegas”, en el Primer Salón de Arte Religioso, Museo Sacro de Caracas.  Me refiero a Jesús Alexis Bello, a quien conocimos inicialmente como profesor de biología de la UDO y de un tiempo para acá, como pintor y fundador de ese instituto que funcionaba en un inmueble del centro histórico cedido en calidad de comodato y sostenido por la propia comunidad de artistas profesionales y noveles de la escuela.
         La obra premiada  no estaba en la exposición homenaje, lamentablemente, sólo fue posible apreciarla en la portada del catálogo.  Se trataba de una propuesta pictórico – escultórica, identificada “La puerta del redil” y descrita en la nota de presentación como creación de contenido y raíces arcaico – simbólicas, con portal en forma de T o Cruz de San Antonio, que engloba el sentido del tiempo y de Cristo, dejando la lectura de las partes o de su totalidad a la libertad interpretativa.
         Como parte de la exposición - homenaje, fue inaugurada la Sala de Arte “José Martínez Barrios”, pero no había una sola obra de Martínez, en cambio la sala estaba colmada de recreaciones siderales, motivos místicos, hojas secas esparcidas en un rectángulo y los velones que nunca pudieron despejar la eterna penumbra que cobijó la existencia del artista entonces recientemente desaparecido.
          Jesús Alexis Bello, un romántico de las artes visuales, lanzó por la borda sus años de estudios en el Pedagógico y de experiencia en las aulas de a UDO para ingresar en el Instituto de Arte Federico Brandt de Caracas, donde gastó sus economías para satisfacer una sed casi insaciable de conocimientos en todo cuanto tiene que ver con las artes visuales.
         Pero su estilo estaba desde mucho antes y en cierto modo marcado por un estilo, tal vez kandiskiano, vinculado al comienzo con el lirismo musical de su tía Amalita Bello y los ritos que su bisabuelo el alarife Antonio Valera Villalobos practicaba con cirios y candelabros en los altares de la francmasonería.
         Por allí nos imaginamos que andaba o anda el arte de Jesús Alexis si queremos ver por el cerrojo de la caverna del inconsciente donde suelen ocultarse las impresiones de la edad  kindergarteana que tarde o temprano y de alguna manera salen a flote.  El las ha sublimado en un arte sagrado muy expresionista y los resultados están a la vista, ya con varios premios en distintas colectivas y una buena señal que se puede escribir con la T de San Antonio.

         En la fotografía ilustrativa vemos a Jesús Alexis en un performance ritual muy en sintonía con el ambiente que esa noche experimentamos en la antigua calle La Paciencia que en tiempos de la Colonia así se llamaba la actual Calle Igualdad, aunque usted no lo crea. Los parroquianos lo quisieron de esa manera invocando a Job porque hubo que tener mucha paciencia para verla concluida.  Una vez concluida le cambiaron el nombre por el de Calle Fajardo, prócer de la independencia, fallecido de fiebre amarilla en Angostura en 1819.  Finalmente los corsos influenciaron al Gobierno para que la bautizaran con una de las tres palabras (Igualdad, Fraternidad y Libertad) del lema de la Revolución Francesa que por nada sacrificó a sus hijos no en la Cruz sino en la Guillotina.

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