miércoles, 27 de julio de 2016

Una rara ranita del Chimantá


Una rara ranita del Chimantá pasa por la ciudad en el abultado equipaje de los miembros de la expedición científica que incursionó sobre el grandioso tepuy de  la Gran Sabana donde habita la rara ranita que por su comportamiento biológico le encuentro cierto parecido al banano, mata  que hecha un solo racimo de frutas y muere para darle paso a sus hijuelos que brotan de las raíces.
            El Chimantá está ubicado en la Gran Sabana, a 45 kms Este del antiguo pueblo minero de Urimán y 35 al noreste de Wonken.  La superficie total del macizo es de 1470 kms2, de los cuales, la mitad corresponde a las cumbres, la otra mitad a las laderas y su altitud de 2700 metros sobre el nivel del mar se aproxima a la del Roraima, considerada la montaña más alta del Estado Bolívar.
            La primera expedición científica al Chimantá la realizó en 1946 William H. Phelps, padre e hijo, conducidos por el Capitán Félix Cardona Puig. No se contaba entonces con la rapidez, facilidad y comodidad del helicóptero.  Este lo utiliza en 1978 por primera vez la expedición encabezada por Charles Brewer Carías y de allí en adelante ha sido el vehículo indispensable para la emocionante aventura de la ciencia. Las expediciones más recientes, cinco en total (1983-1986), las ha llevado a cabo el “Grupo Científico Chimantá” en función de un proyecto interinstitucional y multidisciplinario titulado “Inventario botánico-ecológico del Bioma Sabana en el Estado Bolívar”.
            En el curso de esas expediciones tan productivas desde todos los aspectos, fue localizada, diríamos que como hecho excepcional,  una ranita hasta entonces desconocida, es decir, taxonómica no descrita por la ciencia. Ni siquiera nombre vernáculo conocido pues el Chimantá es uno de los macizos que se mantienen vírgenes en la Gran Sabana.  La ranita es fácil de localizar toda vez  que vive o se esconde prácticamente en los vasos o tubos de una especie de bromelia que abunda en las turberas de esas cumbres y que los científicos conocen como Bocchinia. Por lo menos ahí permanecen durante el día y como son demasiado nerviosas cualquiera sombra o vibración la espanta.  Entonces se esconden, como anfibia al fin, en la reserva de agua de la base de la hoja vaso de la bromelia.  Cuando le llega la ocasión de desovar lo hacen en los charcos de escasa profundidad que se forman temporalmente entre las rocas adyacentes a las colonias de la Bocchinia.
            En una de estas expediciones, el científico Carlos Shubert  observó adultos muertos en charcos donde había  huevos recientemente puestos lo cual ha dado pábulo a la especulación según la cual tal vez se trate de una especie anura con una sola postura para mantener la especie como en la botánica el banano.
De suerte que Guayana siempre tiene algo importante y novedoso que dar a la ciencia, pero lo que no han barruntado los expedicionarios del Chimantá  es si  a los machos, aparte de un solitario que cantaba al borde de una quebrada, les ocurriría lo mismo, durante el coito por ejemplo, como algunas libélulas que mueren cuando alzan su vuelo en la noche nupcial.
La que vimos en una fotografía, con ojos binoculares y boca semicircular, es diminuta, pero no tanto como las que en Cuba miden dos centímetros ni tan grande como las Goliat, pero sí muy tierna y tal vez hasta divina si pensamos que en algunos restaurantes sirven ancas de anuros bolivianos como bocado exquisito.
La rana Goliat, de distribución africana, es la mayor de la familia. Es una especie poco ágil que puede superar los 70 cm con las patas extendidas. La cubana descubierta a finales de 1996 por un grupo de biólogos, es una nueva especie de rana del tamaño de una mosca común en las selvas tropicales de ese país.



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