viernes, 29 de julio de 2016

Caupolicán Ovalles y la Gran Papelería del Mundo


Conocí a Caupolicán Ovalles en julio de 1968 a través de Eleazar Díaz Rangel en la ocasión de la Convención Nacional de Periodistas celebrada en Ciudad Bolívar y que me tocó presidir, como homenaje al sesquicentenario del Correo del Orinoco.  Entonces hizo él una exposición con periódicos de Ciudad Bolívar del siglo diecinueve, pertenecientes a la  Gran Papelería del Mundo, herencia de sus ascendentes y que como él me dijo estaba destinada a ser y seguir siendo, pues había llegado a un acuerdo para que pasara a formar parte de la hemeroteca de la Biblioteca Nacional.
         Cuando lo hizo, solicitó se le impusieran la escala de adquisición aplicable a cualquier ciudadano a fin de evitar toda comercialización posible con los bienes de la Papelería, organizada por su familia durante los últimos dos siglos.  Obviamente, no podía él hacer de la Gran Papelería del Mundo un acto de comercio porque su abuelo Ovalles que vivió 95 años, la desarrolló para el conocimiento del país y así ha sido. La tesis de la estudiante de cine Rebeca Padrón, se nutrió de esa Papelería para redactar su tesis sobre los cines de Ciudad Bolívar.
         Un tiempo después el poeta volvió a la ciudad para bautizar el libro Talco y Bronce e Insitu, del poeta John Sampson Williams y fundar de paso el capitulo del Fondo Editorial Orlando Araujo, pensando siempre que el libro en sí es lo más importante que tiene una sociedad para preservarse, para defenderse y para nutrirse.
         Más que por su poesía y narrativa, Caupolicán Ovalles era virtualmente más conocido como Presidente de la República del Este que como me lo dijo en esa ocasión, fue la respuesta en los años setenta a un estado de ánimo, de afecto, y de una maravillosa condición de ser de la gente y una práctica de deseo de vivir, como decía un pintor chileno, de  “unas ganas de vivir”.
         La idea de la Republica del Este se la atribuyó siempre, pero la idea original era del estadista francés Francois Mitterand, quien le organizó un contra - estado al General De Gaulle y le nombró un contra - gobierno que fue prácticamente una de las causas de la caída del Degaullismo.  Manuel Alfredo Rodríguez también fue Presidente de la República del Este y a ella asistieron en sus primeros tiempos Jaime Lusinchi, Jóvito Villalba, Luis Beltrán Prieto, Luis Herrera, Luis Pastori, El Búfalo, Manuel Quijada, Gonzalo García Bustillos, Osorio Canales, Argenis Daza Guevara, Víctor Salazar, el galáxico Héctor Gil Linares y toda una cáfila de intelectuales residentes en la capital metropolitana de Venezuela.
         Por la presidencia de la AEV que nació un 24 de diciembre, Día Universal de la Natalidad, pero de 1935, pasaron, además de Caupolicán Ovalles, intelectuales de la talla de Miguel Acosta Saigne, Aruturo Uslar Pietri, Rómulo Gallegos, Díaz Sánchez, Luis Pastori, Pascual Venegas Filardo entre otras notabilidades.
Caupolicán Ovalles, nacido en Guarenas del Estado Miranda en 1936 y fallecido en el 2001, fue uno de los más audaces exponentes de la estética vanguardista. Miembro fundador y el más polémico quizás del  Techo de la Ballena. Presidente de la Asociación de Escritores de Venezuela (AEV) durante más de dos décadas, mantuvo toda su vida una actitud iconoclasta y lúdica ante las instituciones y los formalismos de la vida literaria nacional.
Su poesía ofrece una mezcla de sátira y elegía, confidencia y burla, invectiva e inventiva, y explora a la vez la memoria personal y familiar individual y los tópicos de la identidad colectiva.
Escribió ¿Duerme usted, señor Presidente? (1962),  En uso de razón (1963), Elegía a la muerte de Guatimocín, mi padre, alias El Globo (1963), Copa de huesos (1973, Premio Nacional de Literatura), Canción anónima (1980) y Alfabetarium (2001). Es también autor de una Antología de la literatura marginal (1977) y de la novela Yo, Bolívar rey (1987).



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