miércoles, 13 de julio de 2016

Los Agentes Consulares de Angostura

Cristiano Vicentini

Cuando Ciudad Bolívar era puerto fluvial importante, tan importante como los marítimos de La Guaira y Puerto Cabello, llegó a tener residenciados hasta quince agentes consulares.  Hoy, cuando todo se ha desplazado a Ciudad Guayana, tan sólo le queda el Consulado de Italia, al frente del cual está el ingeniero Dino Rampini, quien sustituyó a su padre Enzio Rampini a raíz de su fallecimiento y quien había cambiado a su natal San Carlos de Cojedes por la capital orinoquense.  Aquí se quedó poniéndole capa asfáltica a los techos de las viviendas y por esa vía llegó a ser varias veces Presidente de la Cámara de Comercio, emulando en ese sentido a don Natalio Valery Agostini, quien lo fue repetidas veces y era además, Cónsul de los Países Bajos.

         Uno de los primeros cónsules italianos, entonces era de su Majestad el Rey de Italia, fue Cristiano Vicentini, a quien vemos en la fotografía,  llegado a tierras de Orinoco como impresor de primera para editar “El Filántropo”, semanario de combate, muy polémico de los liberales dallacostistas, al que el  periodista Juan Vicente González calificó de “monumento a la perversidad”.
         Los agentes consulares son funcionarios encargados de representar a un país en territorio extranjero protegiendo a sus ciudadanos y fomentando las relaciones comerciales.  Se diferencian del agente diplomático en que no interviene en los asuntos de política internacional y se limitan a actuar como oficial del registro civil y agente comercial.  Cuando no existen los diplomáticos permanentes, realizan toda suerte de tareas.
         Pero la figura del cónsul no siempre fue esa.  En la antigua Roma, los dos magistrados máximos que ejercían la autoridad y el poder político recibían el nombre de Cónsul y la Francia revolucionaria, es decir, la de 1799, rescató esta figura del consulado romano y la implantó como sistema de gobierno en manos de tres cónsules.  Napoleón Bonaparte que era uno de ellos, logró dominar a los restantes y asumir el consulado perpetuo, con lo que allanó el camino para la conquista del poder imperial que por cierto desagradó al joven Bolívar que para entonces (1804) se encontraba en Francia..
         Ahora, la figura del Cónsul como ya lo habíamos señalado, se limita a proteger y fomentar el comercio entre el lugar donde reside y el país que representa.  Actúa además como apoderado y escribano de sus connacionales y proporciona al gobierno que representa toda clase de información económica, bien a través de la Embajada o del Consulado General.

         En 1863, Ciudad Bolívar parece que batía el record de las ciudades de provincia con número de agentes consulares lo cual, por supuesto,  denotaba su relevancia económica:  Las crónicas de entonces daban cuenta de Keneth Mathison, Vicecónsul de su Majestad Británica;  Antonio Dalla Costa, Vicecónsul de Suecia y Noruega; Carlos H. Oler, Cónsul de los Estados Unidos; Marcos Calderón, Vicecónsul de su Majestad Católica; Hermann Coulander, Vicecónsul de su Majestad el Rey de Dinamarca; Dr. Luis Plassard, Vicecónsul de su Majestad el Emperador de Francia; Adolfo Vinnen Cónsul de su Majestad el Rey de Hannover; Cristiano Vicentini, Cónsul de su Majestad el Rey de Italia; Elías Guerra, Vicecónsul de los Estados Unidos de Colombia; H. Krohn, Cónsul de las ciudades Hanseáticas; L. F. Blohn, Cónsul de Bélgica; C. Destein, Vicecónsul de su Majestad el Emperador del Brasil; Teodoro Ferdhusen, Cónsul del Gran Ducado de Oldenburg; H. N. Frazeus, Vicecónsul de los países Bajos y Carlos Vanselaw, Cónsul de su Majestad el Rey de Prusia.  Como vemos, un ougi o abanico consular muy airoso para la Angostura de entonces. 

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