lunes, 4 de julio de 2016

Baduel Parra y Carlos Argenis Durán

Carlos Argenis Durán

 “El camino más largo comienza con el primer paso”, solía decir el increíble Kaliman.  Faltaría saber en el caso de Carlos Argenis Durán y Baduel Parra cuándo dieron el primer paso en ese largo camino que no los deja o dejaba en paz consigo mismo ni con sus semejantes. Argenis caminaba y caminaba, aunque no tanto como Baduel, pero si apresurado, tal vez porque era más liviano y más joven.
Argenis se disparaba un tanto eufórico desde el sector Amores y Amoríos mostrando sus dibujos enrevesados y un tanto caricaturescos, hasta el casco urbano de la ciudad, donde terminaba ofreciendolos y ostentando las profesiones más relevantes y diversas, desde diputado hasta docente de la medicina psiquiátrica de cuyos conocimientos según confesaba se habían nutrido expertos como Iván Augusto Cividanes y el mismito ex decano del núcleo de la UDO, Miguel Grau, incluía también a José Luis Cestari y a los psicólogos César Avendaño y Rómulo Gipson. 
El primero de diciembre, día de su cumpleaños, doña Rosario y Diógenes Troncone Sánchez, sus protectores en cierto modo, lo obsequiaban con una torta de chocolate, precisamente cuando iba por su almuerzo generoso de todos los días.
Argenis quien ordinariamente anda o andaba de paltó y en días muy especiales luciendo una corbata que según advertía le regaló Jaime Lusinchi, comentaba  haber sido alumno de Juan Bautista Farreras aunque este había muerto ante que él naciera y haber intentado su bachillerato en un Liceo de Caicara donde cada 28 de diciembre formaba parte de la comparsa de los locos, decidiendo un día quedarse allí, aunque muy solo, para poder olvidar a sus 50 mujeres y seis mil hijos que ya no podía sostener con todas las profesiones recibidas.
         Pero caminando, caminando, Baduel Parra se los ganaba a todos en fuerza, palanca, velocidad y larga distancia. Tan pronto lo veíamos en el Mercado Periférico de Ciudad Bolívar como en Guarataro y Maripa buscando por los lados de la familia de Brisne  Parras con la que hacía buenas migas.
Baduel,  por los año sesenta, era alto, joven, elegante y estudioso, redactaba y escribía a maquina como todo un experto mecanógrafo, hasta el punto que su compañero de Partido Roger González, cuando era Presidente de la Asamblea Legislativa, lo puso de Secretario. 
De repente nadie más supo de Baduel y una noche de luna llena alguien que preguntó, encontró esta repuesta: “Esta en Bárbula haciendo un curso”. Bárbula ¡Por Dios! Donde queda eso. Estás raspado en historia. Piensa bruto, piensa, piensa con el cerebro de Girardot!.. Pues bien, Baduel Parra un día se apareció hablando hasta por los codos y citando a connotados intelectuales y políticos de la talla de Unamuno, Uslar Pietri, Jorge Luis Borges y Rómulo Betancourt. El sastre Víctor Inojosa era uno de los que desde entonces le soportaba sus interminables erudiciones mezcladas con asuntos menores de la vida cotidiana.  Pero antes de instalarse en el sitio  donde podía dar rienda suelta a sus conocimientos literarios, hacía escala en la Legislatura para chequear el monto de su jubilación; después en la Casa del Partido, donde reprendía a más de uno, y en el despacho del Vicario General de la Catedral, monseñor Samuel Pinto Gómez, a quien saludaba en términos de realeza !Hola Príncipe! Y a la secretaria Iris Aristeguieta  !Hola Princesa! Al día siguiente podía elevarlos: !Hola Rey! !Hola Reina! Y el día más perturbado: !Hola Loco!” !Hola Loca! De todas maneras, Monseñor le alargaba su mesada y él abandonaba la Sacristía persignándose en vez de hacerlo antes de entrar como es costumbre.



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