domingo, 24 de enero de 2016

El Clemens guayanés


A Víctor Inojosa, muy pocos lo saludaban por su nombre sino por el de “Recorte” no por las tiras que doña Blanca venía a recoger para sus muñecas de trapo, sino por su tamaño, aunque Juvenal Herrera prefería llamarlo el “Clemens guayanés”.  Pero, claro, un Clemens muy distinto, encasillado, porque el verdadero Clemens no tenía tienda fija sino  que al igual que los músicos, hacía un tour, ciudad a ciudad, para dar a conocer las novedades de su moda, es decir,  sus propuestas.
         Inojosa fue sastre desde los tiempos remotos de su infancia, bastante distantes de la opulencia.  Empezó como ayudante del sastre José Maradey, hermano del Obispo Constantino e hijo ambos junto con siete más de Domingo, tronco mayor de los Maradey en Ciudad Bolívar. Inojosa coronó su esfuerzo de operador ayudante con sastrería propia, muy cerca de su tocayo Víctor Ortiz, quien al final salió con el tablón de cortar en la cabeza.
         Pero, Víctor, al igual que su hermano Julio, nunca dejó de ser sastre y un día de disgusto con el diputado Pedro Anastacio Colins Linche, de piel pigmentada pero tendiendo a moreno, le dijo que él había heredado de su padre Zenón Ortiz, estupendo violinista, una máquina de moler negro.  Con esto, según comentarios de los pícaros del May Hay My, le quería decir al diputado que si se desmandaba lo iba a pasar por el molino y convertirlo en morcilla.  ¡Válgame Dios!
         No sabemos por qué cábala Víctor Inojosa comenzó a confeccionarle  trajes a los Gobernadores de turno, tanto los de la Dictadura como los de la Democracia, no había diferencia, tanto los burócratas de allá como los de acá, vestían a la moda, aunque viéndolo bien, los de la Dictadura, el doctor Eudoro Sánchez Lanz y José Barceló Vidal, de cuando en cuando vestían su liquiliqui a lo llanero, especialmente durante la Semana de la Patria, evento patriotero donde el abanderado parecía ser el simpático Negro Tomás  Rivilla.  Sólo un Gobernador no pasó por las manos expertas del “Clemens guayanés”, tal el doctor Alcides Sánchez Negrón, porque, según el mismo Inojosa,  era hombre de percha, vale decir, su talla se ajustaba perfectamente a los plurales cortes de Dovilla y también, seguramente, por el lema que este señor sostenía de sus trajes:   “Dovilla, trajes anatómicos que dan personalidad”.
         Otra particularidad del dueño de la sastrería La Guayanesa era cortarle  traje a gordos de la talla de Enzio Rampini, Gustavo Maradey, Rafael Francisco Zapata y de aquel sabueso de la PTJ que fue el gordo Gil Guevara Alfaro, terror de los ladrones, que aparece en la fotografía.  Sólo que cuando eran altos, debía Inojosa encaramarse en un banquito que siempre tenía muy a la mano, para tomar las medidas del codo al hombro y del hombro al cogote.  Un día dio traspiés, peló el banco y cayó sentado, pero desplayado.  Afortunadamente el hombre siempre ha sido fuerte, soportó el impacto y gracias a Dios que no tenía las tijeras en la mano sino la cinta métrica.
         Eso pasó con el periodista de El Nacional Jesús Lozada Rondón que venía expresamente del Palacio de Miraflores que era su permanente fuente noticiosa.  Por supuesto, Lozada Rondón nunca pagaba, el paganini, muy generoso y espontáneo, era  René Silva Idrogo, a quien el periodista atendía muy bien cuando iba a Palacio a entrevistarse con el Presidente Jaime Lusinchi.  Esto ocurrió, al menos, mientras René fue Gobernador del Estado Bolívar y después asistente de Leopoldo Sucre Figarella en la Presidencia de la CVG.  Por cierto que Leopoldo en cierta ocasión se cascarrabió con Inojosa porque, según la lengua de Juvenal Herrera,  le puso al pantalón la bragueta al revés.




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