sábado, 7 de noviembre de 2015

El contrabando y la rebelión de los guayaneses

oto Archivo

Los margariteños, hasta la vigencia del Puerto Libre, tuvieron fama de contrabandistas. La bolivarense Lucila Palacios se inspiró en esa consabida práctica del drama social del contrabando margariteño y escribió la novela El corcel de las crines albas, ganadora del Premio Arístides Rojas. Pero lo que ignoraba seguramente la escritora y primera mujer que ejerció la diplomacia en Venezuela, era que una de las principales actividades económicas de Guayana hasta avanzados años de 1800 fue el contrabando.


El contrabando nos viene de la colonia obligado por el monopolio del comercio hispano, y no obstante, el libre comercio declarado por el Libertador tan pronto se adueñó del Orinoco, continuó como flagelo defraudador de las rentas del erario público.
El segundo gobernador de la provincia de Guayana, Fernando de Berrío, salió reprobado en el juicio de residencia que le hiciera Sánchez de Alquiza por su tolerancia al contrabando que los guayaneses practicaban con los holandeses, aunque el contrabando no era sólo de fuera hacia adentro sino también de adentro hacia fuera, burlando los derechos arancelarios. Bolívar en 1817 se quejaba ante los jefes de puestos que dejaban salir ganando de manera ilícita por Piacoa y San Miguel.
Tan habituados a esa práctica estaban los guayaneses que cuando el gobierno de Bogotá (la Gran Colombia) le puso mano dura, se rebelaron y expulsaron al padre José Félix Blanco, quien era el intendente del Departamento Orinoco que comprendía además de su capital Barinas, las provincias de Guayana y Apure, desde 1826.
Los guayaneses liderados por patriotas venidos de la guerra de Independencia, Ramón Contasti, Eusebio Afanador, Manuel Pildan y los alcaldes Felipe Domínguez y Nicanor Afanador, se rebelaron y expulsaron de su territorio en 1828 al padre José Félix Blanco. También al gobernador Juan Manuel Olivares. El intendente Blanco, comisionado especial del Libertador, había llegado a la Angostura el año anterior. Todas las autoridades civiles y militares subalternas, así como el comercio y buena parte del pueblo, se sublevaron y expulsaron al intendente y al gobernador hasta Cabruta en un steel boat de James Hamilton bajo la vigilancia armada del oficial Ascensión Farreras.
El 10 de noviembre de 1828, el intendente José Félix Blanco fue inquirido y respondió desde Cabruta al general José Antonio Páez, entonces jefe superior y militar de Venezuela, para explicarle los motivos por los cuales el pueblo de Guayana armó una rebelión contra su persona.
En efecto, el coronel José Félix Blanco, quien había sido administrador de las Misiones del Caroní, tan pronto asumió su nuevo cargo de intendente, dictó una serie de medidas administrativas con la anuencia de Bogotá, dirigidas a frenar el contrabando y asegurar el pago puntual de los impuestos.
Dichas medidas administrativas sin embargo cayeron muy mal en la población, especialmente en el sector comercial y empresarial y desató una oleada de repudio general que terminó con su derrocamiento y expulsión de la región.
El coronel José Félix Blanco, al explicar al jefe militar venezolano las razones por las cuales hubo prácticamente una sublevación contra su gobierno, las resume en los siguientes puntos:
 Que las medidas arancelarias impuestas desde Bogotá a un pueblo acostumbrado a utilizar el contrabando como actividad económica normal, tenían que ser recibidas con marcadas muestras de resentimiento por todos los pobladores.
 Que existía una lucha por la administración de las rentas entre muchos ciudadanos ambiciosos y poco idóneos.
 Que el decreto sobre alcabala afecta duramente la parte débil de la población, pero que se había logrado acostumbrar a la gente a pagar sus rentas, prueba de lo cual era la recaudación obtenida que sobrepasa los 10 mil pesos.
 Que existían intereses creados de personas poderosas e influyentes que se oponían a sus medidas al verse afectados en la eliminación del contrabando y en obligarles a pagar unos impuestos a los que se habían acostumbrado a burlar.
 Que se usó en su contra el descontento de todos los militares depuestos.
 Que hubo oposición del alto comercio para cancelar deudas muy atrasadas y cancelar nuevos impuestos.(AF)

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