domingo, 5 de julio de 2015

Murió el poeta García Morales


El viernes último pasado  murió en Caracas, lugar de su residencia permanente, el bolivarense Luis García Morales, hermano del dermatólogo Florencio García Morales fallecido recientemente.
         García Morales (1929), falleció a la edad de 86 años, sin padecimientos mayores y sin remordimientos,  pues como poeta, era un ser humano muy sensible, de una pasta similar a la de su compañero de infancia Jesús Soto, ambos nacido en la parroquia Santa Ana y con quien solía bañarse en el Orinoco junto con los Maradey y nadar hasta la isla de El Degredo a comer mangos bajo las matas d Paulina La Rosa.
         Es casi común nacer dentro del paisaje del río y ser pescador, músico y poeta en alguna forma.  Tal vez por eso García Morales nació poeta y su primera poesía cuando estudiaba primaria en la Escuela Moreno de Mendoza con Teodorita Méndez “La  Tirza de Angostura” como la bautizó el poeta Alarico Gómez, tuvo  como materia prima el rielar continuo del Orinoco.
         Por tener alma de poeta se fue a Caracas a estudiar en la Facultad de Humanidades de la UCV, específicamente derecho, que como Manuel Alfredo Rodríguez no quiso ejercer plenamente porque le daba grima el sólo imaginarse embargando al pulpero de la esquina.
         Buscando siempre su afinidad, contrajo matrimonio con Graciela Rincón Rodríguez,  sicóloga, hija de la también poeta Mimina Rodríguez Lezama.  Con Gracielita tuvo gemelos, pero ella murió muy temprano cuando con él, Luis Pasori y Beatriz, cruzaba una calle de Roma.  Una aneurisma estalló en el cerebro de la inteligente muchacha de quien tuve el orgullo de ser amigo.
         El poeta Luis García Morales solía venir periódicamente al encuentro con su ciudad.  La última vez fue en el 98 cuando vino a bautizar en el Museo Soto su libro “De un sol a otro sol”, editado por Monte Ávila.  En la contraportada de ese poemario dice a manera de presentación que “Las imágenes poéticas de Luis García Morales metaforizan el tiempo como mo­vimiento detenido; su continuo fluir lo in­moviliza: «Vivimos en jardines / Turbados por la eternidad de lo efímero». Esta dia­léctica de viaje estático que aparece en De un sol a otro gira en torno a la idea del ver­tiginoso instante que se hace eterno, es­tructura que se proyecta también sobre la naturaleza misma del acto creador. Así, el presente volumen recoge reflexiones de arte poética, donde el nacimiento de las palabras se relaciona con un ardiente ful­gor y cuyo incesante movimiento final­mente se apaga y se hace eterno: «La llama escribe su breve historia / Con la eternidad de la ceniza». A partir de esta base filosófi­ca las metáforas, a lo largo del poemario, nos remiten a diversas experiencias: el amor, el impulso vital y el vigor de las emociones reflejando el continuo inter­cambio entre hombre y naturaleza: «Abrir el bosque página a página / Y hallar el fo­llaje del espíritu / Diseminado / En hojas, insectos y aves»”.
Luis García Morales formó parte, junto con Guillermo Sucre, Salvador Garmendia y Elisa Lerner del fa­moso grupo Sardio en 1958. Fue presidente del Instituto Nacional de Cultura y Bellas Artes (INCIBA), jefe de Redacción de la Revista Nacional de Cultura en 1963 y presidente fundador del Consejo Nacional de la Cultura (Conac), Presidente-Director  de la Editorial Monte Ávila y director Artístico de la Radio Nacional.  Colaboró en diversas publicaciones nacionales y extranjeras.  Su obra poética ha sido traducida y antologada en prestigiosas ediciones en Europa, Estados Unidos, Canadá  y países de América Latina. Autor, entre otros, de El río de siempre (Premio Conac de Poesía 1984) y Poesía (1992).


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