viernes, 17 de julio de 2015

Manuel Alfredo Rodríguez


Una de las muertes nacionalmente conmovedoras del 2002, fue la de Manuel Alfredo Rodríguez, ocurrida en Caracas, lejos de su amada Ciudad Bolívar.
La obra del escritor, abogado, periodista e historiador Manuel Alfredo Rodríguez, dejó huella y perdurará en la memoria del pueblo.
Nativo de Ciudad Bolívar, Manuel Alfredo Rodríguez vivió tan intensamente en todos los órdenes de la existencia, que es imposible resumir lo mejor de su obra en pocas líneas. Fue un hombre comprometido con las luchas políticas y con la creación intelectual. Fue sobre todo un amante de Guayana y dos de sus libros más importantes lo indican: “Gallegos creó Canaima” , “La Guayana del Libertador” , “La ciudad de la Guayana del Rey”, y “Lecturas guayanesas”.
El verbo recio y elocuente de Guayana era un Orinoco de cosas por decir. Hasta lo más intrascendente resultaba interesante en la elocuencia de su voz. Era un hombre alto y voluminoso, acucioso y memorioso, crítico y lleno de afectos por su tierra.
En la madrugada del sábado 12 de octubre de 2002, a la edad de 73 años cumplidos, falleció en Caracas el doctor Manuel Alfredo Rodríguez, voz recia, apasionada, gallarda y elocuente de Guayana.
Murió distante de la tierra amada, de la tierra que lo vio nacer y crecer y en la que habría querido realizarse y morir. “Yo quisiera tener real para vivir en Ciudad Bolívar”, me dijo en una ocasión. “El problema es que las cosas de las cuales yo vivo, me obligan a vivir donde estoy”, es decir en Caracas, a donde han tenido que parar muchos ilustres. Allá en Caracas, MAR también se casó, tuvo sus hijos y sus grandes amigos porque sus grandes afectos siempre estuvieron en Ciudad Bolívar.
Manuel Alfredo Rodríguez estudió básica y secundaria en Ciudad Bolívar. Entró al liceo a la edad de 12 años con pantalón corto, lo cual para entonces era un acontecimiento público, algo asombroso. Ahora es normal entrar a esa edad al liceo y nadie se alarma. Pero la instrucción entonces era de mayor calidad.
Qué cosa, la ciudad de entonces tenía un poeta que era símbolo y el orgullo de la intelectualidad regional, el doctor J. M. Agosto Méndez, autor de la letra del himno del estado, un poeta modernista con mucha imaginación y riqueza de vocabulario y cuyas obras completas acaba de editar el Colegio de Médicos de Ciudad Bolívar, con prólogo precisamente de MAR, posiblemente su último trabajo.
A esa edad del Manuel liceísta, había otra generación de poetas ya ausente que era motivo de inspiración y estímulo para la gente que como él comenzaba a escribir. Tal era el grupo encabezado por Héctor Guillermo Villalobos que fue el primer nombre que sonó fuerte en el ámbito guayanés desde el punto de vista literario. Después vino una generación que sí ejerció bastante influencia sobre la gente de la época de MAR, el Grupo Auroguayanos que tuvo por cabeza y guía a Alarico Gómez y junto con él Rafael Pineda, Jean Aristeguieta, Arquímedes Brito y Elías Inaty. Luego vino la generación de Manuel Alfredo Rodríguez que aparentemente no tiene ubicación temporal precisa, pero que a la edad de 16 años ya estaba políticamente identificada. Casi toda militaba en Acción Democrática con una intensa actividad en la Federación de Estudiantes de Venezuela y la Juventud Venezolana.
Ese grupo intelectual de la generación de MAR solía compartir la política con la lectura y la poesía, pero era un grupo que laboraba por intuición, casi defendiéndose solo, especialmente porque eran escasos los libros de literatura moderna. Distinto fue cuando esa generación se radicó en la ciudad metropolitana donde había un mar de cosas. Manuel terminó su bachillerato en el Fermín Toro de Caracas y de allí a la universidad hasta graduarse de abogado.

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