martes, 28 de abril de 2015

La Presa Hidroeléctrica de Caruachi



El 29 de mayo de 1998, el presidente de la República, Rafael Caldera, inició el primer vaciado para la construcción de la Central Hidroeléctrica de Caruachi, tercera del Bajo Caroní y la cual aportaría 2.160.000 kilovatios al Sistema Eléctrico Interconectado Nacional para atender el incremento de la demanda de este importante servicio.
CVG-Edelca, empresa del Estado venezolano, aportaría con recursos propios el 50 por ciento de la inversión que estaba en el orden de los 1.468 millones de dólares. Se preveía entonces que la primera unidad generadora entraría en operaciones el año 2003.
La Central Hidroeléctrica de Caruachi fue planificada para ahorrar al país 76 mil barriles de petróleo al día y estaba previsto que requeriría el empeño de 5 mil trabajadores aproximadamente.
La presa quedó inaugurada recientemente, es decir, el primero de marzo, después de ocho años de realizado el primer vaciado. Quedó inaugurada por el presidente de la República sucesor de Caldera, Hugo Chávez Frías, al entrar en servicio la duodécima turbina o unidad de generación.
Tiene una altura de 50 metros y cuenta con una longitud de 5.728 metros. La capacidad del embalse es de 3.530.000 metros cúbicos. La superficie es superior a los 238 mil metros cuadrados.
Como bien dice Andrés Matas Axpe en su artículo publicado en su página “Soberanía”, este éxito no es particular de Caruachi, sino de todo el desarrollo del potencial hidroeléctrico del Bajo Caroní. Siempre se ha afirmado que este programa es un logro de la democracia que se inició en 1958, pero esto, a pesar de ser verdad, es limitativo. Desde mucho antes de la democracia se concibió la significación de aprovechar el potencial del río Caroní, en primer lugar para impulsar a la región Guayana y después se comprendió su importancia como fundamento de la energía eléctrica de todo el país. Los orígenes se deben situar en los trabajos de la Corporación Venezolana de Fomento (CVF) creada en 1946. Entre sus primeras acciones estuvo la contratación de un estudio con la firma Burns & Roe, en 1947, cuyos resultados fueron decisivos para el inicio del desarrollo del Caroní. Entre sus recomendaciones estuvo “la construcción de una central aprovechando los saltos inferiores del río”. Esta primera idea dio origen a la pionera Macagua I y con ella a la instalación de una planta siderúrgica. Así se sembró la semilla y en adelante el árbol no dejaría de crecer.
A pesar de los turbulentos eventos políticos de fines de los cuarenta que originaron la dictadura de Pérez Jiménez, el desarrollo del Caroní continuó su avance. Se creó la Comisión de Estudios para la Electrificación del Caroní (CEEC) y se inició la construcción de Macagua I. En la dirección de la CEEC se nombró al pionero general Rafael Alfonso Ravard, que no era particularmente afín al dictador, lo que sería un buen augurio, porque los proyectos del Caroní siempre lograron mantenerse al margen de la política.
Al comenzar la democracia, en 1958, Rómulo Betancourt ratificó a Alfonso R. en su cargo y, luego de un profundo debate, se decidió continuar la electrificación del rió. Desde esos tiempos se concibió el programa del Bajo Caroní, con sus centrales Guri, Macagua II y III, Caruachi y Tocoma, las que se construirían progresivamente en función de las necesidades. Se decidió comenzar con el proyecto Guri, ya que era el que ofrecía capacidad de regulación de las aguas del río. Las obras comenzaron en 1963 y dieron origen a la creación de Edelca. Desde entonces, junto con la construcción de grandes obras hidroeléctricas, nació una escuela de profesionalismo y mística que hoy constituye un patrimonio para el avance hacia una Venezuela moderna un orgullo para todo el país.

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