jueves, 23 de abril de 2015

La muerte de Manuel Yánez

Topicos2
El 19 de marzo de 2000, se registró la muerte de Manuel Yánez., autor de 350 canciones, entre valses, boleros, salsas, pasodobles y una sinfonía sobre Amalivaca, mítico personaje de los indios Tamanacos.

Su canción “Flor Viajera” sonaba entre los primeros lugares cuando falleció este hijo de Catalina Yánez, artífice de los Caballitos de San Juan, casado con la economista Beatriz Taberoa con la cual tuvo dos hijos.
La calidad tonal del vals “Flor Viajera” se apreció plenamente cuando”la interpretó en el Museo Soto el cuarteto integrado por”Raúl y Miguel Delgado Estévez, José Antonio y Telésforo Naranjo, grupo musical caraqueño de “nuevas sonoridades dentro de la música popular venezolana”. Entonces los circunstantes, incluyendo a los músicos, se pusieron de pies para aplaudir a Manuel Yánez, su autor, quien no pudo contener la emoción resuelta en lágrimas.
Aquel lánguido vals del cuadrado Manuel Yánez de la calle Los Culíes, nos pone a pasear por el malecón, extasiados en una flor espléndida sobre un mogote de nenúfar”arrastrado por la inmensa corriente del río, una flor acaso inmarcesible que la impotencia humana ante la grandeza del río hace inalcanzable. Y la flor se aleja y se aleja y se oculta irremisiblemente, pero deja la esperanza de que alguna vez regrese Amalivac a cumplir la propuesta aborigen de la corriente inversa “y pueda ver mi flor”.
La interpretación fue solo instrumental, lo que nos hizo pensar que si hubiese estado también vocalizada, pues la letra es sensiblemente poética, el momento habría dejado en la audiencia una marca emocional indeleble.
El cuarteto vino a confirmar lo ocurrido en el Teatro Teresa Carreño en agosto de ese año cuando Francisco Pacheco, voz principal de “Un solo Pueblo”, la interpretó en homenaje al grupo “Serenata Guayanesa” con motivo de su vigésimo quinto aniversario. Según César Pérez Rossi, fue la canción más aplaudida como también lo ha sido en todos los festivales donde ha participado.
De Los Culíes (calle Las Mercedes) en barca de oro y alzando vuelo en alas de casta paloma salió y se eterniza Alejandro Vargas, de allí”también”ha emergido con aliento de trascendencia, Manuel Yánez, a pesar de que nunca ejecutó ningún instrumento”de cuerdas ni de viento.”Manuel sólo sabía cantar y tararear cuando en el momento menos esperado comenzaba a fluir la prodigiosa vena de este artista musical,”mi antiguo vecino de la calle Los Culíes (Las Mercedes), eterno enamorado de mi comadre Beatriz Taberoa (economista con la cual se casó) y cuyo apellido se vincula con aquellos célebres Yánez perseguidos durante la Colonia por sumarse al movimiento del”19 de Abril de 1810.
Pero lo asombroso es que Manuel Yánez no se había descubierto como poeta y músico compositor sino ya muy cerca del atardecer de sus días. Tres infartos: uno al corazón, otro al pulmón y renal el tercero fueron necesarios para que asumiera su atávico rol de artista.”Y desde entonces, me confesó un día que me visitó en compañía de su gran amigo Mario Vargas, el hijo del trovador Alejandro Vargas,”vivía acosado por dulces sonidos telúricos hasta”el punto de”concebir toda una geografía musical de Guayana donde sólo faltaban por incluir los tepuyes porque, aparte de los pueblos, ya el Orinoco contaba con su flor.
Increíble”que en el lapso de sólo cinco años, Manuel Yánez haya compuesto 350 canciones, entre valses, boleros, salsa, pasodobles y hasta una sinfonía”sobre el mítico personaje Amalivac o Amalivacá, la cual fue adoptada por el Instituto Cultural del Orinoco para motivar su presencia en la “Exposición Orinoco”, proyecto que la”Fundación Museo de Ciencias promovió con el patrocinio del Conac y el Conicit, en cooperación con el Milset y la Cité de la Science”et de I`Industrie en La Villette, realizado en Caracas.

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