lunes, 2 de marzo de 2015

Mirna Salamanquez


El once de octubre de 1997, la artista plástica Mirna Salamanqués inauguró la Sala de la Fundación Cultural Orinoco de la UDO con una exposición suya que dio a conocer como “La energía de los mapas de meditación”.
La artista caraqueña, entonces esposa del pintor guayanés Régulo Pérez, era directora de la Galería de Arte de la Universidad Central y había expuesto antes en la Casa de Cultura Carlos Raúl Villanueva.
Mirna Salamanqués expuso por primera vez en provincia, año 1968, en la Casa de la Cultura de Ciudad Bolívar. En esa ocasión expuso 26 obras y vestía como una gitana. Vino acompañada de su madre y fue colmada de rosas y gladiolos por quienes la recibieron en el aeropuerto.
Sus cuadros fueron después a Puerto Ordaz y al Instituto Tecnológico de Anzoátegui. La temática de su pintura estaba inspirada en una fantasía de los hechos vertiginosos que se suceden en nuestra época. Parte de la exposición exhibía ciudades espaciales, astronautas y globos aerostáticos, producto de la impresión que tenía ella de los fenómenos de la incursión del hombre en el espacio.
La Galería de la UCV en colaboración con la CVG llevó luego para Ciudad Guayana una exposición de 40 cuadros pertenecientes a siete artistas representativos de la pintura venezolana: Jesús Soto, Alejandro Otero, Régulo Pérez, Humberto Jaime Sánchez, Alirio Rodríguez, Alirio Palacios, Carlos González Bogen y Mateo Manaure.
Mirna es egresada de la Escuela Cristóbal Rojas en 1967. Este mismo año coordinó la Galería Ángel Boscán y expuso, en la Galería Polo & Bot (Caracas), obras inspiradas en el libro Crónicas marcianas de Ray Bradbury. Al año siguiente viajó a Francia, Austria, Bulgaria y Checoslovaquia como delegada de la Dirección de Cultura de la UCV. Entre 1962 y 1968 realizó obras con tinta china, pastel, acrílicos y pasta de modelaje para representar ciudades del futuro. En 1969 elaboró ensamblajes bidimensionales para los cuales utilizó juguetes plásticos, maquetas para armar carros, barcos y motos. Ese año fue becada por el Inciba y viajó a París, donde trabajó en el taller de Jesús Soto y estudió grabado en la Escuela Superior de Artes Decorativas con Yves Heude (1969-1970). Asimismo, el gobierno francés le otorgó una beca por un año (1970) y luego continuó estudios de arte mural (1972-1974) con el artista Rohner. Hacia 1970 aplicó a sus ensamblajes pintura en aerosol, creando sellos que expresan figuras mecánicas esfumadas sobre papel, tela y madera. “Los Ensamblajes son una especie de módulos que se usan con ayuda de pintura en envases de aerosol, para crear una pátina especial, y una presencia semi-fantasmagórica de las formas. El procedimiento permite unos logros muy efectivos: cuando se registra un mayor esfuerzo porque los módulos se integren con la pintura y el ensamblaje resulte un efecto, coherente” (Guevara, 1975). A partir de 1971 trabajó el relieve, realizado con juguetes adheridos a la madera que sumerge en una pasta blanca para simular fósiles. En 1972, el Museo de Arte Moderno de la Ciudad de París adquirió su obra “Ensamblaje 333” (acrílico sobre tela, 120x120 cm) y en 1973 recibió el premio de pintura del Crous por su obra “Tissu mécanique”. En 1980 expuso en la Sala Cristóbal Rojas de la Embajada de Venezuela en París su serie “Los habitantes y el espacio”. A comienzos de 1982 realizó su primera obra integrada a la arquitectura en un restaurante caraqueño: 113 paneles de 3x1,2 m cada uno, conformados por bastidores forrados en tela de lino preparada y pintada a pistola con esmalte de aceite.
Una de las últimas exposiciones “Esencia y Materia” de Mirna tuvo como escenario la galería de Ángel Boscán”.

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