martes, 10 de marzo de 2015

Santuario del Santísimlo




El 20 de diciembre de 1997 quedaron concluidos los trabajos de restauración y por lo tanto fue reinaugurado el Santuario del Santísimo Sacramento de las Siervas., una de las edificaciones religiosas de mayor tradición en Ciudad Bolívar, entre las calles Dalla Costa y Rosario.
De hecho, la ciudad tiene puntos referenciales de su origen y transcurso y uno de ellos es el Santuario de las Siervas que ha pasado a ser parte o monumento de la historia no solo por su arquitectura ojival o de altas columnas que se cruzan en las bóvedas de sus naves, sino por la forma comunitaria como fue construido, porque fue el primero de una hermandad religiosa netamente venezolana que ahora se ha extendido hasta Colombia, porque en ese santuario oficiaron en calidad de monaguillos Ramón Lizardi y Constantino Maradei Donato, quienes posteriormente serian prelados de la Iglesia Venezolana y porque hubo un tiempo que sustituyó temporalmente a la Catedral Metropolitana.
Podríamos decir que la historia del Santuario o Templo del Santísimo Sacramento comienza con el octavo arzobispo del Distrito Federal, Monseñor Juan Bautista Castro Cueva, quien siendo Capellán de la Santa Capilla de Caracas, tuvo la feliz idea de fundar el 7 de septiembre de 1896 la Congregación de las Siervas del Santísimo Sacramento.
Veinte años después, específicamente el 18 de noviembre de 1916, siendo Monseñor Sixto Sosa, Obispo de Claudiapolis y Administrador Apostólico de Guayana, la Congregación se extendió a Ciudad Bolívar donde fundó su segunda casa, ésta que ha sido restaurada y puesta nuevamente al servicio de los parroquianos del Casco Histórico de Ciudad Bolívar.
Cuando se echaron las bases de este templo, en Venezuela la hermandad religiosa no había podido levantar santuario propio, pero encontró terreno y ambiente propicios para que Ciudad Bolívar se hiciera privilegiada en ese sentido.
Un día de Reyes, 6 de enero de 1927, luego de la misa de la mañana, las religiosas, acompañadas de un grupo de señoras, se detuvieron ante las piedras sobrantes de la ampliación de la Catedral y resolvieran ellas mismas cargarlas al solar donde pensaban construir su santuario. La Catedral había sido ampliada en la parte posterior abarcando una capilla que había sido erigida años atrás bajo la advocación de San Antonio. Viene siendo lo que es hoy el altar mayor, Sacristía y el salón de la parte alta donde existe una larga mesa de reuniones. Los trabajos habían sido ejecutados y concluidos en mayo de 1922 por el constructor Antonio Valera Villalobos para la nueva iglesia.
En romería, luego de cada misa de la mañana, estimulados desde el púlpito o el altar por Monseñor Dámaso Cardozo, los feligreses se impusieron la obligación de acompañar a las monjas para sentirse bien con Dios representado en la Eucaristía, de cargar las piedras tres cuadras más abajo hasta depositarlas en el solar por donde luego fueron remodeladas las calles El Rosario y Dalla Costa.
El Santuario quedó concluido no como unidad aislada del entorno urbano, sino insertado y formando esquina dentro de la propia retícula urbanística, con las fachadas, de acceso escalonado, hacia el naciente y unida hacia el poniente con la Casa de la Congregación. De acuerdo con el proyecto levantado por el doctor Pablo H. Carranza, quien fue rector del Colegio Nacional de Guayana, consta de una nave principal con una gran puerta también hacia fuera y que llegó a funcionar como capilla particular de las monjas adoradoras de Cristo.
Bajo el arco toral de la nave principal un céntrico altar en cuya base de hierro permanece visiblemente el cofre que guarda el acta de fundación y en el fondo del Santuario un Crucifijo más un retablo traído de Génova y bendecido el 26 de febrero de 1950 por Monseñor Juan José Bernal Ortiz.

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