miércoles, 4 de marzo de 2015

Piar al Panteón Nacional

El 8 de mayo de 1997, el Senado de la República, a proposición del parlamentario Leopoldo Sucre Figarella, concedió los honores del Panteón Nacional al General en Jefe, prócer de la Independencia y Libertador de Guayana, Manuel Piar.
Pero dado el extravío de los restos, acordó entonces el Senado honrarlo al igual que a Sucre y Miranda, con un cenotafio o, por razones de espacio, con una lápida que tendría grabado el perfil del prócer y un epitafio digno de su gloria.
Debemos añadir que cuando el presidente de la República, Antonio Guzmán Blanco, inauguró el Panteón Nacional, incluyó los restos del General Piar entre los de los próceres que debían ser transferidos inmediatamente, pero éstos nunca fueron hallados no obstante las exploraciones y arqueos de los sitios probables.
El historiador Bartolomé Tavera Acosta dice en sus Anales de Guayana que fueron inhumados en el cementerio del Cardonal. El Cardonal era un sitio cercado con “Cardón España” donde sepultaban a los desvalidos y que al final quedó prácticamente arropado por el cementerio actual. También allí enterraron los restos de Manuel Palacio Fajardo, pero cuando una comisión del Congreso y del Ejecutivo nacional vino por ellos, no aparecieron en el monumento que en el cementerio se conserva.
La explicación que dio para entonces el doctor Eduardo Jhan M. médico y arqueólogo, quien participó en las excavaciones, es que nuestra tierra es demasiado ácida y húmeda, dos elementos disolventes de los huesos, lo que significa que los restos de Piar con 190 años sepultados estarían más que confundidos con la tierra.
El acta de la ejecución del General Manuel Piar, levantada en la Plaza Mayor de Angostura dice lo siguiente: “En la plaza de Angostura, a 16 de octubre de 1917. -7º. -Yo el infrascrito Secretario, doy fe que en virtud de la sentencia de ser pasado por las armas, dada por el Consejo de Guerra, S. E. el Gral. Manuel Piar, y aprobada por S. E. el Jefe Supremo, se le condujo en buena custodia dicho día a la plaza de esta ciudad, en donde se hallaba el señor general Carlos Soublette, Juez Fiscal, de este proceso, y estaban formadas las tropas para la ejecución de la sentencia, y habiéndose publicado el bando por el señor Juez Fiscal, según previenen las ordenanzas, puesto el reo de rodillas delante de la bandera y leídosele por mí la sentencia en alta voz, se pasó por las armas a dicho señor General Manuel Piar, en cumplimiento de ella, a las 5 de la tarde del referido día; delante de cuyo cadáver desfilaron en columna las tropas que se hallaban presentes, y llevaron luego a enterrar al cementerio de esta ciudad donde queda enterrado; y para que conste por diligencia lo firmó dicho señor con el presente Secretario. -Carlos Soublette. -Ante mí, J. Ignacio Pulido, Secretario.
Allí en la Plaza Mayor de Angostura sobre la tierra húmeda y musgosa de la tarde quedó tendido con todas sus cualidades y defectos el Héroe de Chirica, tal como lo describió después su oficial de guardia: de regular estatura, ojos azules, barbilampiño, tez rosada, imaginación e ingenio vivos. Valiente y emprendedor, poco aplicado a la disciplina militar. Fuerte en sus opiniones, en las que siempre quería prevalecer. Los transportes de su genio le hacían frecuentemente reprender con acrimonia, pero fácil luego en apaciguarse, llegando a veces hasta pedir perdón al subalterno a quien creyó ofender. Sincero, afable y cortés en sus modales. Solía entretenerse con algunas obras de historia. Era afortunado a la par que valiente y sólo una vez fue derrotado.

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