sábado, 30 de abril de 2016

La nariz de Francisco Antonio Zea.

Francisco Antonio Zea, no obstante su sabiduría, padeció cierto complejo por su nariz demasiado notoria, grande y aguileña sin duda.  Lo llamaban “narizón” allá en Colombia de donde era, específicamente de Medellín, así como a Bolívar allá mismo lo odiaban sus adversarios políticos con el cognomento de  “longaniza”. 
El apodo ha sido de siempre y hay de todos los tipos, desde el apodo romántico y cariñoso hasta el que ridiculiza y destaca los defectos.  Lo de Zea no era un defecto propiamente dicho.  No se puede señalar como defecto el tener una nariz como la de Cirano de Bergerac que era grande como la de Zea, pero muy natural., tal vez como la de Pinocho castigado por decir tantas mentiras y ni siquiera como la de un Chingo.
Zea era botánico y seguramente que por ese lado estaba agradecido de tener una nariz como la que lo caracterizó durante sus 52 años de vida, pues podía olfatear mejor los aromas de las flores y de las plantas, sobre todo, el de las flores que en Medellín se pierden de vista, tanto así que todos los años presentan su Feria de las Flores.
Cuánta vida se hubieran dado los caricaturistas de hoy si el Licenciado Francisco Antonio Zea, en vez de 1819, hubiera sido Presidente del Congreso ahora. Zea, nacido en Medellín en 1770, alcanzó a orillas del Orinoco las más altas posiciones. Además de diputado por Caracas al Congreso Constituyente de Angostura en 1819 y del cual fue presidente, dirigió el Correo del Orinoco. Estuvo encargado de la presidencia de la República en ausencia del Libertador. Después cumplió misiones diplomáticas y en 1822 murió a orillas de otro río  Avon, en Inglaterra, cerca de la casa donde nació William Shakespiare, el diamante de la literatura inglesa.
Francisco Antonio Zea, además de periodista y político notable de vasta cultura, ejerció la dirección del Jardín Botánico de Madrid y la cátedra de ciencias naturales que abandonó para asumir la de miembro de la Junta de Bayona y luego Presidente de Málaga hasta que resolvió en 1816 incorporarse a la lucha por la libertad de los pueblos de América.
Los bolivarenses agradecidos de la presencia y actuación de Zea en la Angostura del Orinoco, le han levantado, bustos, calles y escuelas. En el Paseo Orinoco mora desde el siglo diecinueve sobre una peana, el busto de mármol del prócer, pero si usted lo observa bien verá que es de mármol y tiene la nariz rota.  Es decir, que quien se la rompió le llamaba tanto la atención su abultada nariz que no resistió la tentación de hacerla más notoria desfigurándosela. Y saben ustedes quién fue el autor?  Sorprendentemente, se la rompió cuando era un mozalbete travieso, el ex Gobernador del Estado, doctor Alberto Palazzi Pietrantoni. El mismo lo recordó a propósito durante una tertulia, pero no fue capaz de reparar el daño que seguramente en su época de estudiante pasó desapercibido, por lo menos para las autoridades de entonces.  Y para las de ahora también, pues el busto modelado en mármol italiano del prócer  de la independencia venezolana-neogranadina permanece con su nariz, además de rota, algo así, diría Perfetti, como la del Chingo Granado.
Yo creo que en Francia también existe un busto de Cirano de Bergerac que como Zea tenía una nariz descomunal, sólo que en el mármol la conserva intacta. Cyrano de Bergerac fue un soldado poeta, orgulloso y sentimental, pero su mayor problema era poseer una gran nariz que lo conducía hasta el ridículo.  No creo que Zea haya sido objeto de mofa por su nariz, en todo caso, su sapiencia hacía que se notara menos.  Lo ingrato es que al mármol del paseo Orinoco ningún gobernante haya podido contratar a un cirujano plástico para que le practique una rinoplastia.



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