domingo, 24 de abril de 2016

El Arrendajo de Soto


Un arrendajo de los llanos que le regalaron al pintor Jesús Soto lo lloraban en su casa por perdido, pero la alegría volvió al rostro de la familia cuando un hermano del artista, lo regresó después que había volado hasta El Callao, a más de 200 kilómetros de Ciudad Bolívar.
         En El Callao vivía y trabajaba para Minerven el técnico geólogo Alfredo Soto, hermano del pintor. El pájaro negro y amarillo como un turpial olió el rastro de su antiguo amigo y allá fue a tener para almorzar tajada, arroz, carne mechada y caraotas. El clásico pabellón que tanto le gustaba.
         Era un ave increíble, remedaba ciertas expresiones, se llevaba bien con los niños y se grinchaba de rabia cuando se le acercaba una persona que no fuese de su agrado.
         Con las mujeres generalmente resultaba amable. También con Soto, su dueño, cuando venía y se lo llevaba al pecho para acariciarlo, con todos los de la familia y especialmente con los niños Alfredo y Marisela, sobrinos del pintor, y quienes le prodigaban cuidados desde la muerte de doña Enma,  madre del pintor.
         Por cierto que cuando doña Emma murió le abrieron la jaula al arrendajo para que se fuera, pero el pájaro se quedó rondando la casa, aprendiendo de nuevo a volar por la arboleda del patio cantando como siempre al despuntar la mañana y chillando a la hora de la comida.
         Hasta que falleció la anciana lo habían mantenido enjaulado y desde entonces era libre como el viento, sólo que nada quería con los otros pájaros. Volaba de rama en rama por los árboles de las casas vecinas y luego se regresaba a la hora en que la familia Soto se sentaba a la mesa o a las seis cuando el sol comienza a ocultarse tras del Puente Angostura sobre el Orinoco.
         El 30 de enero de 1979 el arrendajo de Soto se extravió, nadie sabía el paradero de “Bandido” como lo llamaban en casa, lo lloraban por perdido hasta que el geólogo dio cuenta de él. Nadie sabe como pudo volar tantos kilómetros para llegar a la vivienda de Alfredo Soto en las minas auríferas de El Callao.
Cuando la inauguración del Museo, El tenor Alfredo Sadel estando en la casa de Doña Enma, la madre de Soto,  se enamoró del arrendajo que cantaba y vagabundeaba por toda la casa.  Le ofreció cinco mil bolívares a la doña por el arrendajo, pero imposible, “Bandido” como se llamaba el pájaro, no estaba en venta era la obra natural más preciada de Soto.
Alfredo Sadel fue gran amigo del pintor Jesús Soto y con él vino varias veces a Ciudad Bolívar.  También era amigo del cantante guayanés Frank Hernández, con quien estuvo en la ciudad poco tiempo antes de su muerte ofreciendo un concierto.
Soto lo invitó en cierta ocasión para que lo acompañara a Ciudad Bolívar y estando ambos de visita en la casa del doctor Elías Inatti, a Sadel se le presentó un percance: No podía acompañar a Soto ejecutando la guitarra en amena reunión familiar  porque sentía un oído tapado.  Inmediatamente Elías lo llevó al consultorio de su colega y otorrino Vinicio Grillet y éste los recibió con una botella de güisqui.  Sadel reaccionó, “Doctor, yo no vine a tomar güisqui sino a ver que tengo en el oído”.  “No se preocupe que lo va a necesitar” respondió Grillet y le aplicó el scopio.  Ven a ver Elías y Elías dijo que veía una nube azulada.  A lo que de seguida pensó en voz alta Sadel: “Debe ser el jabón azul con el cual me baño”.
Un personaje anónimo que conoció la historia del arrendajo, envió a Soto este poema: Cuando no aniden los arrendajos / cuando la luna no alce su vuelo / cuando los mares desaparezcan / cuando en el llano se apague el fuego/ de la conciencia de Los Centauros / cuando no luzca más mi sombrero / cuando la tierra negra no sienta el nacimiento del semillero / cuando las aguas no rieguen nada ni llueva peces sobre el estero / cuando los aires se inmovilicen en los maizales del sentimiento / cuando no huelan los mastrantales / cuando se extinga el verso llanero / cuando las notas de mi guitarra no purifiquen mi cancionero / seguramente te olvidaré  / serás la causa de mi silencio...



No hay comentarios:

Publicar un comentario