jueves, 7 de abril de 2016

El Mostacho del Gobernador


En mayo de 1970 cuando el arquitecto Manuel Garrido Mendoza se posesionó de la Gobernación del Estado Bolívar, los bolivarenses se sintieron atraídos por aquella figura alta y magra luciendo en la parte superior de los labios unos bigotes largos, abundantes  y poblados.
         Todo el mundo tenía que ver y para diferenciarlo del común de los bigotes empleaban el vocablo italiano mostaccio (mostacho) recordando tal vez al venado de matacán o aquel personaje, Bartell D´Árcy,  de la novela Los Muertos, del escritor y poeta irlandés James Joyce, que cantaba ópera en el Theatre Royal.
         Se me ocurre que este personaje de Joycee ha debido parecerse a nuestro paisano bolivarense  José Sambrano Ruiz, un ex gerente de la CANTV, a quien los citadinos preferían reconocer como “Bigote Eléctrico”, cognomento que creo le habría venido más acertadamente a Mario Moreno Cantinflas.
         Lo cierto de todo esto es que a una de las bombas diamantíferas del Guaniamo los mineros la bautizaron con el nombre “Los Bigotes del Gobernador”.  El diario El Nacional se ocupó del asunto y hasta el doctor Márquez Bustillos fue recordado a propósito, sólo que este funcionario de confianza del General Juan Vicente Gómez tenía los bigotes puntiagudos o vibrisas como un morsa del Pacífico.
         Muchos bolivarenses siguieron la moda del Gobernador, entre ellos, el Presidente de la Asociación de Ejecutivos, doctor Ramón Castro Mata, aclarando cuando un periodista le preguntó, que “antes que imitar al Gobernador, yo diría que imito más bien a mi abuelo que los usó antes que él”.  Por supuesto, eso de dejarse crecer el bigote viene desde muy lejos y las formas y estilo varían. Por ejemplo el bigote de Salvador Dalí, era fino y entorchado en sus extremos.  Rubén Hugo Ratón Ayala, jugador argentino de fútbol, se distinguía por su melena y enorme bigote.
         En esa ocasión de Garrido Mendoza, queriéndole salir al paso, la señorita Malvina Rosales, la primera guayanesa en usar pantalones y primera también en trabajar en una oficina pública, dijo que si los mostachos volvían ella resucitaría el rígido abanico de conchas, pese al ventilador y al aire acondicionadoY de hecho lo resucitó cuando los esnobistas bolivarenses comenzaron a imitar al Gobernador.
Malvina tenía una colección de abanicos. Abanico de encaje, tela, papel, varillas de madera o marfil y dominaba su lenguaje secreto, empleado para concertar citas.  Hasta principio del siglo pasado, las muchachas concertaban sus citas  amorosas en situaciones inapropiadas como la misa o los paseos familiares.
Y no se crea, que  el bigote pertenece únicamente a los hombres.  También hay mujeres con bigotes o menos que bigotes, con bigoteras, como es el caso de algunas aves como El Escribano o animales como la Chinchilla de Los Andes, el  Titi bigotudo americano, el Tigre o el gato.
El más conocido de los dadaístas, el pintor francés Marcel Duchamp (con obras en el Museo Soto), que expresó su desaprobación por el “arte agradable y atractivo” cometió la irreverencia de añadir bigote y barba a una reproducción de la Mona Lisa de Leonardo da Vinci. La iconoclasta de Duchamp encontró también expresión en lo que llamaba ready-made, los objetos cotidianos que él presentaba como obras de arte.
Y volviendo al arquitecto Garrido Mendoza, debemos decir que anduvo de boca en boca durante los años 1970-74 no solo por su peculiar estilo de gobernar y de ocuparse de obras simples como las plazas de bolsillo, sino por su figura alta y delgada y sus atractivos mostachos que llevaron a muchos bolivarenses decir que sólo le faltaba la barba candado o de perilla para parecerse al tradicional mago prestidigitador.






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