miércoles, 3 de febrero de 2016

El Humorista y el Farmacéutico

Manuel Cisneros Gambús y Ernesto Bello Bilancieri
Manuel Cisneros Gambús se la llevó siempre muy bien con Ernesto Bello Bilancieri, hasta el punto de posar así juntos, más para la posteridad que para el oportuno fotógrafo Víctor Bayota Díaz.  Ambos, sin embargo, eran distintos en su manera de ser, acaso, tal vez, por la diferencia de edad que no era mucha y por la ascendencia genética hispana del uno e itálica del otro. Pero coincidían en el oficio de escribir.  Manolo era columnista taurino del diario La Esfera y agente vendedor de los otrora populares cigarrillos Cool y Lucky Straight, mientras que Bello Bilancieri abordaba tópicos varios en su columna “Escribe” del diario El Bolivarense.  Los dos fueron admitidos en la Asociación Venezolana de Periodistas y llegaron a ocupar cargos directivos, empero ninguno de los dos vivía ni podían vivir de esa faceta del periodismo que tan sólo le servía para entrar de lleno y estar siempre vivo en la sociedad bolivarense.  Su manera de lucrarse económicamente era de otra manera: Manolo no sólo vendiendo los cigarrillos que le sembraron el hábito de fumarse dos y media cajetillas por día sino sirviendo de corredor de inmuebles y bienes raíces, en tanto que Bello Bilancieri, aunque no lo atraía la  política, en todo tiempo se inclinó y desempeño por ese lado  cargos relevantes como el de Presidente de la Sucursal de la Corporación Venezolana de Fomento, Presidente del Banco Guayana, Presidente de Produrca, Presidente de la Cámara de Comercio, Presidente de la Asociación de Ganaderos y también fue Director de El Bolivarense y siendo tal acometió la proeza de rodar en moto hasta Pacaraima en la Frontera de Venezuela con Brasil, aventura que dejó asentada en una serie de reportajes.  El haberse graduado de Farmacéutico, poco le valió, se aburrió detrás del mostrador de  la Farmacia  que le dejó su padre y se sintió más cómodo haciendo vida pública, pero no tan divertidamente como Manolo escribiendo con buen humor en la “Curbinata Frita” o montando comedias como “El Sarampión de Doña Susi” y “Los Interiores de Romeo y Julieta”.
         Manolo Cisneros realmente era divertido y centro de atracción en reuniones, recepciones festivas y tertulias narrando anécdotas, echando chistes de todos los colores y comportándose como un prestidigitador capaz de hacer desaparecer cualquier monedita anudada en un pañuelo.
         Américo - nos indagó un día que lo visitamos- ¿sabes cual es la mitad de uno? Creo que 0,5 -respondo.  No, chico, el ombligo. El ombligo es la mitad de uno.
Manolo no era hombre de rezos ni de misas. Sin embargo, cada domingo llegaba  hasta la Capilla de “Agua Salada” para ver a la Virgen del Carmen  y de regreso conversaba con el Chino Puerta, comerciante cuya popularidad  se diluye con el tiempo  de las nuevas generaciones.
Ese ritual dominical se lo inculcó su Madre desde muy pequeño. Los ascendientes maternos de Manolo fueron hispanos que se establecieron en Angostura en la época  de la  Colonia. Su padre, en cambio, era criollo.    Pero, esa vena humorística de dónde le venía. El nunca lo explicó, creía que era algo innato y ello lo llevó un día a inventar   “La Curbinata  Frita”, revista  humorística cuyos derechos fueron traspasados al “El Expreso”.
La revista de pequeño formato salía semanalmente. Costaba un real, se metía con todo el mundo y salía cuando le daba la gana. Por lo menos, era ese su lema y Manolo, además de editor, era redactor, administrador y todo lo que termina en “or ” como humor que es lo que al fin y al cabo hay en esta revista divertida en la cual se introducía a todo personaje serio y simpático de la ciudad  como Pierre Otto, por ejemplo, sondeando platillos voladores en los erizados matorrales de la antigua Cervecería o como el otrora secretario general de gobierno Pedro Beltrán durmiendo sobre el capacete de su automóvil nuevo por temor a los ladrones.





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