lunes, 22 de febrero de 2016

Reporteros de otros tiempos


En franca camaradería y celebrando ocurrencia de periodistas se hallan en alguna parte de la ciudad, los fotó-reporteros Edgar Díaz, Felipe Silva Bayola,  y el periodista Misael Briceño. 
        Edgar Díaz (de pie) y Misael Briceño, recién venido este último de Upata, la tierra donde abrió los ojos por primera vez, pero que a pesar de correr Upata con la fama de poseer las mujeres más bonitas del Yuruari, no ha podido retenerlo.  Primero quiso  Misael inútilmente sentar sus reales en Ciudad Guayana siguiendo los consejos del corresponsal de El Nacional, José Carrillo Romero, y después con mejor suerte en Ciudad Bolívar donde encontró espacio seguro y bien remunerado.
         Misael Briceño es buen periodista y se expresa con mucha lógica.  No le conocemos cognomento como a Edgar Díaz reconocido en el mundo de los reporteros gráficos como “Cabeza de Piedra”. 
Misael llegó a Ciudad Bolívar cuando yo incógnito dirigía el diario El Bolivarense.  Carrillo me lo recomendó para que le diera entrada en el diario de los Natera y allí  se integró a la vida reporteril junto con Eduardo Medori a quien igualmente le había dado la oportunidad por exigencias de su padre Víctor Bayola, quien era reportero gráfico de la Corresponsalía de El Nacional que yo ejercía.  Los dos, a pesar de que no tenían escuela en el campo del periodismo, resultaron con una vocación increíble de modo tal que muy pronto Lionel Salón Rivas, Jefe de Relaciones Públicas  de la Asamblea Legislativa, le ofreció mejor remuneración y para allá sin pensarlo mucho se fueron los muchachos.
Tampoco a Medori se le conocía apodo y en cuanto al remoquete de Edgar Díaz, se lo habría puesto Nilo González o Rafael Gámez Martínez (Ragan) cuando los tres prestaban servicio en El Expreso bajo la exigente y dinámica dirección de José Manuel  Guzmán Gómez (Chemelo).
El apodo le viene al gordo Edgar porque pocas veces captaba el mensaje de la  escena fotográfica toda vez que el de reportero gráfico era su oficio en las fuentes de sucesos haciendo llave con Ragan, quien en cierta ocasión para quitárselo de encima mientras iba a cumplir con ciertos asuntos muy personales, le dijo en un tono bromista que Edgar no supo captar.  Le dijo u ordenó que se quedara haciendo guardia en el Aeropuerto porque de un momento a otro llegaba por primera vez a Ciudad Bolívar el  “Jet Caribe” (así se llamaba una lancha rapidísima que transportaba pasajeros entre Puerto La Cruz a Punta de Piedra, en Margarita.)
Díaz prácticamente perdió todo el día aguardando la llegada del Jet Caribe en el Terminal del Aeropuerto y ya inquieto por la demora se reportó ante el Jefe de redacción de El Expreso, Nilo González, quien del otro lado del teléfono le respondió: “Gordo simplón, el Jet Caribe es un barco que trasporta pasajeros entre Puerto La Cruz y Margarita.
Por eso, según Ragán, le calaba el cognomento de “Cabeza de Piedra” del cual nunca pudo escapar, ni siquiera en Puerto La Cruz a donde tuvo que ir a trabajar como reportero gráfico de El Tiempo.
Lo cierto es que Edgar Díaz desapareció de los predios de Angostura y nunca más quiso saber del Orinoco  donde una vez tuvo a punto de ahogarse, no porque en la zambullida sintiera la piedra en la cabeza sino porque no aprovechó sabiamente las prácticas que gratuita y espontáneamente le ofreció Óscar García “El Tiburón del Orinoco”, y del mar, diría yo, pues en una prueba entre Macuto y La Guaira le ganó al campeón nacional Quintín Longa.




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