domingo, 14 de febrero de 2016

Congreso de Angostura: Génesis del Poder Moral y subordinación militar

Pintura alusiva al Congreso de Angostura, por el pintor venezolano Tito Salas. Obra en restauración

Ha 197 años, se instaló en esta  capital de la entonces provincia de Guayana, el Congreso General de Venezuela o Segundo Congreso Constituyente, connotado por la Historia como “Congreso de Angostura”  
No obstante que su instalación había sido convocada y anunciada para el primero de enero de acuerdo con el Reglamento Electoral, tuvo que ser aplazada toda vez que no estaba presente el número suficiente de diputados electos. Solo habían llegado los representantes de la provincia de Barcelona al frente del General José Tadeo Monagas. El 6 de febrero se sumaron  los representantes del Territorio de Caracas a la cabeza del General Pedro Zaraza y los de  Guayana, provincia sede. El diferimiento se atribuía a las “distintas dificultades en algunas comunicación y movimientos de tropas”.
Para el 13 de febrero ya se hallaban todos los diputados y en consecuencia el Jefe Supremo dispuso la instalación para el lunes 15 de febrero a las once de la mañana.
Salvas de artillería la Víspera y el propio día, anunciaron con toda la solemnidad oficial del caso,  la instalación del “Congreso General  de Venezuela”.
Presentes desde las diez y media de la mañana del  lunes 15 de febrero de 1819 estaban en el salón principal del Palacio de Gobierno acondicionado para las sesiones, los diputados de la provincia  de Caracas Dr. Juan Germán Roscio, Dr. Luis Tomás Peraza, Licenciado José de España, Sr. Onofre Basalo y Licenciado Francisco Antonio Zea; de la provincia de Barcelona, Coronel Francisco Parejo, Coronel P. Eduardo Hurtado, Licenciado Diego Bautista Urbaneja, Lic. Ramón García Cádiz, Sr. Diego Antonio Alcalá; de la provincia de Cumaná, General en Jefe Santiago Mariño, General de Brigada Tomás Montilla, Dr. Juan Martines y sr. Diego Ballenilla, de la provincia de Barinas, sr. Nicolás Pumar, Dr. Ramón Ignacio Méndez, coronel Miguel guerrero, General de División Rafael Urdaneta y Dr. Antonio Maria Briceño. De la provincia de Guayana, Dr. Eusebio Afanador, Sr. Juan Vicente Cardozo,  Intendente del Ejército; Fernando Peñalver y general de Brigada Pedro León Torres; de la provincia de Margarita, Lic. Gaspar Marcano, Dr. Manuel Palacios, Lic Domingo Alzuru y Sr. José de Jesús Guevara. Total 27 diputados. Faltaban los 5 de Casanare y tres de Cumaná, Guayana y Margarita.
Igualmente se hallaba en la sala el Estado Mayor General, el Gobernador de las Plaza y Comandante General de la Provincia, el agente norteamericano Baptiste. Irvine, el señor James Hamilton en representación de la colonia extranjera, el Sr. Provisor Gobernador del Obispado, Domingo Pérez Hurtado, y numerosos ciudadanos.
Media hora luego y previo anuncio de tres cañonazos, el Jefe Supremo, acompañado de la oficialidad, llego a las puertas del palacio y todos los diputados salieron a recibirlo. Un numeroso destacamento que ocupaba el frente, le hizo los honores militares.
El Jefe Supremo abrió la sesión con un discurso, depositando su mando en la soberanía del Congreso, haciendo un análisis de los sistemas de gobierno a la luz de la experiencia universal y concluyendo en la necesidad de un régimen centralista basado en una nueva Constitución Nacional cuyo proyecto dejo en manos del Congreso, alegando que era lo más adaptable a la realidad del país.
De suerte que esta ciudad entonces llamada Angostura, se erigió en la sede del segundo Congreso Constituyente de la República de Venezuela, convocado por el Libertador después del fusilamiento del General Manuel Piar  y después de su fracasada campaña del centro y atentado contra su vida.
         En aquel célebre Congreso de 1819  el Jefe Supremo  resignó su mandato en la soberanía de los delegados del pueblo, esbozando para la patria en guerra una nueva Constitución de corte centralista y una  auténtica organización política inspirada de manera ecléctica en la de otras naciones civilizadas del mundo.
El propósito del Jefe Supremo era despertar la confianza y atraer la simpatía de las naciones extranjeras que dudaban de las ideas de los patriotas y al mismo tiempo echar las bases de una estructura política que sirviese de apoyo a las futuras campañas que habrían de venir para librar a Venezuela y el resto de la América del coloniaje peninsular.
Bolívar al finalizar su discurso declaró instalado el Congreso reconociendo en él la soberanía nacional al tiempo que exclamaba: "Mi espada y la de mis ínclitos compañeros de armas están siempre pronto a sostener su augusta autoridad. Viva el Congreso de Venezuela". A esta exclamación repetida por los asistentes, siguió una salva de artillería.
Acto seguido el jefe Supremo invitó al Congreso a la elección de un Presidente Interino para entregarle el mando. A viva voz los congresistas  proclamaron al diputado por Caracas Francisco Antonio Zea y Bolívar le tomó el juramento sobre los Santos Evangelios al igual que a todos y cada uno de los diputados restantes.  Concluido el juramento, Bolívar cedió su asiento al Presidente Interino y dirigiéndose al cuerpo militar dijo: "Señores Generales, Jefes y Oficiales, mis compañeros de armas, nosotros somos más que simples ciudadanos hasta que el Congreso soberano se digne emplearnos en la clase y grado que a bien tenga. Contando con vuestra sumisión voy a darle en mi nombre y en el vuestro las pruebas más claras de obediencia, entregándole el mando de que yo estaba encargado. Devuelvo a la República el bastón de General que me confió. Para servirla, cualquier grado o clase a que el Congreso me destine es para mí honroso, en él daré el ejemplo de la subordinación y de la ciega obediencia que deben distinguir a todo soldado de la República".


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