sábado, 10 de octubre de 2015

Una aventura aérea descubrió la catarata más elevada del planeta hace 78 años

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El verdadero nombre indígena del Salto Ángel es Kerepakupai Merú, y no Churún Merú, como erróneamente se le conoceEl verdadero nombre indígena del Salto Ángel es Kerepakupai Merú, y no Churún Merú, como erróneamente se le conoceFotos cortesía
El 9 de octubre de 1937 cayó una avioneta Ryan Flamingo sobre el Auyantepuy. Como muy pocas veces, era una mañana clara y de sol brillante. La meseta derramaba sus ríos sobre el Churún y el Carrao en una columna vertical imponente.
El aviador norteamericano, su mujer, un ingeniero y el guayanés que le sirvió de baquiano, se abismaron ante lo inesperado.
La avioneta durante la operación de aterrizaje había quedado con la cola levantada y las ruedas delanteras hundidas en un suelo tan cenagoso como el de un morichal.

Desde ocho mil pies de altura había sido imposible percibir la naturaleza del suelo escondido debajo de un extenso y alto pajonal.
El piloto, al momento, pensó que había quedado atrapado por la marisma en medio de aquella meseta donde el viento se agiganta y agita de manera turbulenta. Sin embargo, el suelo no era tan fangoso como para hundirse hasta más arriba del empeine, de suerte que, con tino y cuidado, lograron salir de allí con lo necesario para sobrevivir.
El californiano Jimmie Angel había sido soldado en la Segunda Guerra Mundial al servicio de la Fuerza Canadiense y también de la China Nacionalista. Sabía, por esa experiencia de la guerra, cómo sobrevivir en situaciones adversas como la que sorteaba para tratar de hacer contacto con el origen de aquel salto de agua más elevado que la desconocida catarata Yosemite (739 m) de su propia tierra California, (la tercera más elevada del mundo). Para entonces se tenía la King George, de la Guayana Inglesa (488 m) y la Sutherland (580 m) de la isla del Sur de Nueva Zelandia, como las más elevadas.
Desde aquella meseta tubular, de 2.460 metros sobre el nivel del mar, de paredes verticales y cumbre plana, de intensas fracturas y sucesiones de escarpes y terrazas, el paisaje era inmenso y sobrecogedor. Otros tepuyes se alzaban distantes interrumpiendo la serenidad del horizonte y dominando las sabanas onduladas. Cursos de agua y raudales, vegetación herbácea, densas formaciones selváticas, raras especies forestales y fáunicas hablaban de otro mundo, tal vez del Mundo Perdido de Sir Arthur Conan Doyle.
¿Qué hacer ante aquel mundo impresionante? ¿Quedarse? ¿Huir? Más valió apresurar el paso para sobrevivir con los pocos alimentos que llevaban; no obstante, tardaron catorce días en llegar al pueblo indígena más cercano (Kamarata) después de peripecias propias de alpinistas, como la de utilizar cuerdas para descender paredes, que en este caso eran areniscas, húmedas y verticales.
Los compañeros de Jimmie (cuyo nombre completo era James Crawford Angel), eran su esposa Marie y los venezolanos Miguel Ángel Delgado y Gustavo Heny.
La noticia del accidente del 9 de octubre de 1937 se supo primero en Caracas y Estados Unidos que en Ciudad Bolívar. En la capital del estado se supo el 29 de enero de 1938, vale decir, 112 días después.
Jimmie Angel permaneció en Venezuela hasta 1949, cuando organismos internacionales confirmaron que realmente el Salto Ángel era el más elevado de la Tierra, con 979 metros de caída libre, sin sumarle el trayecto que recorre antes de tributar en el río Churún.
Angel murió en Panamá el 8 de diciembre de 1956, víctima de asma y paludismo. Antes de morir manifestó su deseo de que la Ryan Flamingo permaneciera sobre la Meseta. Sin embargo, en 1970 fue rescatada mediante una operación helitáctica de la Fuerza Aérea Venezolana (FAV) para restaurarla y exhibirla con motivo del año jubilar de ese componente del ejército.
El 26 de abril de 1980 retornó al estado Bolívar al ser declarada Monumento Público Nacional. Las autoridades resolvieron dejarla definitivamente en la que había sido siempre su base natural: Ciudad Bolívar. Ahí quedó bajo la promesa de que el gobierno regional le construiría un museo y convertirla en el principal motivo de atracción de los pioneros de la aviación selvática de Guayana.
El nombre del Salto salió de una tertulia caraqueña. Gustavo Heny y su hermano Carlos, dedicado a la construcción y al comercio, no solamente alentaron las incursiones aeronáuticas de Jimmie Angel sobre los intricados y recónditos parajes de la Gran Sabana, sino que lo financiaban generosamente. En su casa quinta de Campo Alegre, la primea casa caraqueña de renovación urbana, solían reunirse para discutir la logística de la hazaña que puso al descubierto ante los ojos del mundo el salto de agua más elevado del planeta.
De una de esas reuniones salió el nombre del salto: “¿Si te debemos a ti que el mundo ahora sepa del salto y cuánto mide, por qué no bautizarlo con tu nombre?”, propuso Heny a Ángel y a todos los circunstantes les pareció justo. Entonces -narra Alfredo Shael en su libro “Jimmie Angel: entre oro y diablo”- acordaron llamarlo Salto Ángel. El bautizo tuvo lugar en la casa de Heny y de allí comenzó a difundirse rápidamente por todas partes. Cartógrafos, geógrafos, periodistas, científicos y curiosos cuando se referían a esta impresionante caída de agua la identificaban así: “Salto Ángel”.
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Así quedó la avioneta de Angel al aterrizar sobre el Auyantepuy la mañana del 9 de octubre de 1937

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